martes, 30 de noviembre de 2010

Fútbol para variar


Sostiene alguna gente, como sostuvo Pereira del Portugal de los dictadores (*), que el Real Madrid se levanta sobre un basamento de cal. Otras personas se regocijan con las extensas llanuras nevadas, con las montañas y valles blancos de estos últimos días del otoño, recubiertas con un tejido entrelazado, azul y rojo, con un rectángulo de hierba húmeda en el que yacen unos derrotados y aletargados cuerpos con vestimentas inmaculadas que observan un cielo cegador de luz, confeti y frases en una lengua mediterránea, tributaria sin duda del latín de los monasterios e iglesias románicas de estilo lombardo. Es la guerra entre las tribus llevada de otra manera- comenta algún tertuliano político-.

Cinco a cero es un discurso de un castellano recio, sonoro, de vocales duras como las crestas de granito de Gredos, de ridículos que llevan al sonrojo. Cinco a cero es el castigo perfecto para la arrogancia de portugueses que hablan con la verdad, la suya, en las copas de los alcornocales de las campiñas plácidas de la Lusitania añorada. A decir verdad, de allí era Camoens, y Queirós, y Pessoa, y Pereira- éste, personaje imaginario-, y Saramago y las olas que sepultaron Lisboa en el Siglo XVIII. Pero no imaginamos nosotras a Mourinho nadando en las tempestades opacas del Atlántico, ni siquiera bebiendo vino de Oporto en una taberna de Coimbra, ni acompañando a Pessoa por los corazones de carne de madera, de viñas y de racimos oníricos de esas hermosas tierras que miran al mar con la ilusión de sentirse inmortales.

Acaso los horizontes azules fenecieron en la campiña inglesa, entre monasterios, palacios verdosos e iglesias de estilo perpendicular, tomando té a las cinco de la tarde, disolviendo el azúcar con la cucharilla sin el más leve tintineo metálico y leyendo biografías de Napoleón, Julio César o Alejandro Magno. Si algo nos debiera distinguir a las almas mediterráneas es la humildad debida a un cielo infinito, azul, hermosamente adornado con las florituras de las nubes o el vuelo de las aves. La vida es tan hermosa que creerse el líder de la tribu y reunirla a su alrededor con un balón de fútbol resulta ridículo. Y Mourinho resulta ridículo- no decimos que lo sea-, de una ridiculez propia de los tiempos de las pulsiones autoritarias y de los engreimientos universales. Debiera haber acompañado a Lope de Aguirre en su aventura equinoccial o haber penetrado en la espesura de la selva brasileña con abalorios para encandilar a los monos. Tal vez algún escritor lo retrate dando conferencias en los monasterios del Tibet mientras los monjes meditan con las cumbres nevadas en lontananza. Todo es posible en los tiempos del crepúsculo de los dioses, de las estepas nevadas en azul y rojo, de la hierba moteada con los despojos blancos de una derrota dolorosa...

Mientras tanto, hasta la noche ha sido pintada a brochazos de azul y grana, y ni siquiera los gatos pueden esconder su celo por los tejados abiertos en canal de un Madrid triste y melancólico.


(*)- Pereira no sostuvo tal cosa, tampoco Tabucchi. No deja de ser un recurso literario.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Destellos de abandono


“Llueve mansamente y sin parar, llueve sin ganas pero con una infinita paciencia, como toda la vida, llueve sobre la tierra que es del mismo color que el cielo, entre blando verde y blando gris ceniciento, y la raya del monte lleva ya mucho tiempo borrada”.


Camilo José Cela: Mazurca para dos muertos.


Así comienza la novela de un premio nobel. Anochece, los tubos de escape de los coches forman nubes blanquecinas sobre el fondo oscuro y rojizo de la carretera, que se disipan a escasos centímetros del asfalto. La llovizna cae mansamente sobre las hojas de los árboles, sobre los parabrisas de los coches, sobre las pistas cristalizadas de las pistas exteriores del Pabellón Infante. Y allí, entre canastas y porterías de fútbol sala, solo permanece el silencio del orvallo. Al fondo, las copas de los árboles de un jardín, y más allá, por encima de los tejados de los edificios, la torre de la catedral rodeada de la brumosa mirada de un cielo gris. No hay niñas jugando en las pistas deportivas, tampoco hay niños. Es un día frío, desapacible, silencioso... la ciudad duerme en un letargo de lluvia, paraguas y aceras mojadas.

Resulta curioso: un par de días de lluvia y ya vivimos la morriña del sol en lo alto del cielo, de algunas nubes blanquecinas arrastradas por el céfiro y de los paseos otoñales buscando la solana en las esquinas o en los jardines de la ciudad. Nuestra tierra es así: una luz cegadora que rodea con sus cálidos brazos los contornos del cielo y de la tierra. Pero la lluvia nos hacer volar más allá de las alargadas cordilleras de Iberia, entre páramos, ríos y luciérnagas en los remansos del bosque, y casi sin percibirlo vivimos en laderas siempre verdes, entre bosques de hayas y robles, a la grupa de caballos salvajes que se esconden en los altas cimas junto a osos y corzos.

Mientras observamos las pistas exteriores del Pabellón Infante desde el balcón de nuestra casa, imaginamos un paisaje de mieses doradas, de espigas de trigo tostadas por el sol del estío, de bandadas de pájaros formando estelas de seda en el cielo azul, y nos sentimos extrañas, y nos sentimos extranjeras bajo la lluvia, la bruma y el cristal de la lluvia.

Otro día sin baloncesto. Y las semanas pasan a destellos de abandono. Es nuestro sino.


Pd: Sergio, esperamos verte muy pronto por las pistas de baloncesto deleitándonos con tu juego. Desde este lado del Puerto de la Cadena te deseamos una pronta recuperación.
Pd1: ya de madrugada, Barcelona es una fiesta y Madrid esa ciudad de un millón de cadáveres de la que nos hablara Dámaso Alonso en un terrible poema de mediados de los cuarenta del siglo fenecido. Madrid, y las blancas extensiones de la "pell de brau" de ese otro inmenso poeta y dramaturgo que fue Salvador Espriu.


viernes, 26 de noviembre de 2010

Llegan del noroeste


Mañana el CB Murcia 95 juega con el Canow Caravaca. Íbamos a eliminar lo que considerábamos una marca comercial pero nos hemos percatado a tiempo que Canow significaba cantera del noroeste- oeste, west. Caravaca, como otros muchos pueblos y ciudades de nuestro país, ha optado por promocionar un tipo de turismo receptivo a los valores religiosos decrecientemente mayoritarios. Pensemos en Santiago de Compostela y en su irreal sepulcro del apóstol Santiago, argucia, en definitiva, para atraer gentes de Europa para la repoblación de los territorios que iban siendo arrebatados a los hispanomusulmanes. Otros pueblos utilizan el cuchillo jamonero, el jamón de Huelva y su penetrante y embriagador aroma. O los vinos de calidad. O el queso manchego o el de Idiazábal.

Ciertamente, nos quedan pocas cosas a las que asirnos. El desastre en el que residimos desde hace al menos dos años y el recordatorio de la canción de cuna Diez Negritos que utilizó Agatha Christie para escribir su novela homónima ensombrece aún más las cortas tardes de este frío noviembre:

Diez negritos salieron a cenar.

Uno se ahogó y entonces quedaron

Nueve


Nueve negritos estuvieron despiertos hasta muy tarde;
Uno se quedó dormido y entonces quedaron
Ocho.

Ocho negritos viajaron por Devon.
Uno dijo que se quedaría allí y entonces quedaron
Siete.

Siete negrit

os cortaron leña;
Uno de ellos se cortó en dos mitades y entonces quedaron
Seis.

Seis negritos jugaron con una colmena;
Una abeja picó a uno de ellos y entonces quedaron
Cinco....”

Nos quedamos en el cuarto negrito, que parece que se llama Spain, sin apellido conocido, y puede ser víctima de la Gran Especulación Internacional.


Decíamos que mañana juega el equipo de nuestros hijos con el Canow Caravaca, aquí en Murcia, en la pista auxiliar del Palacio de Deportes, en una mañana que se espera lluviosa y fría. Llegarán, seguro, por la autovía del noroeste. Vendrán de la comarca que alberga los pueblos más bonitos de esta Región: Moratalla, Caravaca, Cehegín. Lugares que han conservado sus cascos históricos por mor de la emigración y de una loable política de rehabilitación urbana.

Posiblemente venga dispuestos a demostrar a los capitalinos que algo se mueve por aquellas tierras interiores que se miran en las laderas de sus montañas, ora verdes, ora blancas o amarillentas. Quizá recordemos los caballos del vino o la nieve cayendo mansamente sobre los tejados y los árboles de la ciudad. O caminaremos bajos las sombras fuertes de La Fuente del Marqués mientras el agua brilla con los reflejos de un sol entrometido. No sabemos que será de mañana, acaso el viento y la lluvia lo arrastren a los fangos de un mar de depresión.

Pero seguro que nuestros hijos demostrarán su valía. Javier Martín sigue encajando las piezas de ajedrez e insuflando poesía a los movimientos de nuestros hijos a lo largo y ancho del tablero cestista. El Canow Caravaca tendrá delante a grandes jugadores: David Lucas, Andrés Carrillo, Vicente García, Alberto Pujante, Pepe, Álvaro Gomez, David Saura, Aarón Sáez, Samuel Vicente, Álvaro Zapata, Darío Sarrias... Todos grandes jugadores, todos grandes amigos.

Mañana es sábado.



jueves, 25 de noviembre de 2010

Llueve en la Nube


Voces en la madrugada. Nombres extraños habitan la Nube -lila, rosa, azul, amarilla,roja...-.

en la calle llueve

Una melodía suena en el cristal de las avenidas, paseantes que recorren los parques caminando bajo las sombras de los helechos en flor o llorando estrellas en los estanques verdosos de reflejos irisados.

“Te recuerdo Amanda

la calle mojada...”

¿Quién era Manuel, quién era Amanda?, ¿y nosotras que navegamos con las velas arriadas, la respiración entrecortada y el rostro lacerado por el frío hálito de la noche invernal?.

Sombras de un pasado cercano, olas brotando como hojas de sauce en claroscuro, el negativo de un sueño perdido en el zarzal de la historia de anteayer.

Las hojas de la Nube caen en silencio, golpean levemente el suelo de ceniza, hieren la piel como mordiscos de hormigas y se deshacen al poco, llevadas por el olvido a los territorios de la nada.

En la calle llueve, en las pistas de baloncesto el suelo es de cristal y llanto, en las miradas de las niñas el orvallo es abandono y retorno al hogar.

Pero la Nube crece y las palabras, los nombres también- de nuestro hijo, del tuyo, del suyo...-, caen a gritos sobre nuestras cabezas, y nuestros cuerpos se sobrecogen, y la lluvia sigue cayendo, mojando las letras, deshaciéndolas en el papel amarillento de las historias escritas con pluma y vela crepuscular.

Ya no sabemos si Lucía Sánchez es real o un seudónimo, si sus palabras cimbrean libremente por los márgenes de la Nube, en filamentos deshilachados, si su voz es sobrecogimiento o un viento cálido, el céfiro que nos llega del oeste y duerme nuestros deseos.

No lo sabemos,

nunca lo sabremos.

Tampoco conocemos el nombre de su hijo,

respetamos su secreto y lo guardamos en una caja tejida con el diccionario de nuestro idioma.

martes, 23 de noviembre de 2010

Frivolidades


Hay noticias que denotan la frivolidad de quien las escribe. Frivolidad o desconocimiento, queremos pensar que se trata más de lo segundo que de lo primero. El titular de una noticia de la web de la Federación Española de Baloncesto es antológica:

Trabajando para teñir el Basket de rosa en 2014”.

Pero no menos espectacular es el arranque de la noticia:

El rosa no debe ir siempre ligado a la prensa social”.

Para no repetir “rosa” se sustituye por “social”. Frase equivalente a la anterior podría ser “la mujer no debe ir siempre ligado a la prensa rosa”.

Lo que podríamos considerar una buena noticia, el compromiso de la F.E.B con la igualdad de género en el baloncesto, se convierte en dos frases en un compendio de estereotipos de género, desconocimiento absoluto de lo que es, y debe ser, la igualdad material entre hombres y mujeres y, lo que es preocupante, falta de formación de los responsables de información de la Federación en políticas públicas de igualdad entre mujeres y hombres.

Deseamos que la F.E.B forme a su gente en consonancia con la Ley de Igualdad, que en abril cumplió tres años de vigencia y con sus planteamientos de futuro, al menos teóricos.

¡Qué bonito hubiera quedado cualquier otro titular!.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Je me souviens...


Ayer, mientras nuestro hijos entrenaban en el CD La Flota, un padre de los misteriosos barrios del otro lado del río nos preguntó de dónde sacábamos tanto tiempo para escribir. Le respondimos que seguramente era cuestión de velocidad, que acaso navegábamos con unas cuantas millas de exceso por los anchos parajes de la existencia o que nos lanzábamos por los rápidos de la vida mientras otras personas buscaban con toda razón los remansos de aguas cristalinas y fondos de terciopelo verde. Y esto nos podía hacer perder el detalle, la flor a punto de estallar en colores brillantes, las nubes formando extrañas figuras que nos devolvían a una infancia entre limoneros y raspaduras de belleza en el horizonte azulenco.

Nuestro hijos entrenaban en la cancha de baloncesto, se movían por un tablero de ajededrecesto ensayando movimientos incompresibles para legas en la materia como nosotras, se palmeaban las manos y se ocultaban de nuestras miradas para beber agua y descansar un poco.

¿En qué lugar del tiempo encontrábamos un momento para meditar sobre tal o cuál idea, para escribir palabras que se iban uniendo como terrones de azúcar dulces y humanos formando frases que se columpiaban en los pilares de la luna o en el dióxido de carbono de Venus?.

Pensamos en muchas cosas pero no fue hasta la noche, al abrir el libro de poesías completas de José Hierro, cuando dimos un salto de la cama, nos dirigimos al ordenador y nos pusimos delante de una hoja en blanco, inmaculada, el paraíso vacío que intentamos llenar de belleza, también de felicidad. Es entonces cuando los sentimientos estallan en derredor y la habitación se llena de ternura, de enfado, de ira contenida. Y brota la vida vivida, y los poemas leídos levitan en el aire levemente salado.

Entonces, aparece por la puerta el primer verso de un poema de Louis Aragon


“Je me souviens d'un air qu'on ne pouvait entendre...”


(“Me acuerdo de una melodía que no se podía oír..”)


y los muros de la habitación desaparecen en una noche de luna llena,

y el viento de la noche susurra en las hojas

y te llama con su silencio de hormigas blancas

y te besa con sus dedos de sombras chinescas...


Es un veneno, lo sabemos. El insomnio y todo lo demás, pero buscamos un remedio y lo encontramos en José Hierro:


“Cómo se puede no hablar

de todo aquello.

El viento no escucha, no

escuchan las piedras, pero

hay que hablar, comunicar,

con las piedras, con el viento”.


La vida se acelera, golpea violentamente las costuras de la carne, se transforma en humo, en aire, en arena de mar, en todo lo que deseamos alcanzar con las yemas de los dedos para sentir su presencia, su grandeza de cosa o vida pequeña en este Universo infinito que, a veces, nos produce miedo e incertidumbre.

La madrugada se adentra en el sueño, lo abre con su sonrisa de carbón enternecido. Te acuestas de nuevo y la persona que duerme a tu lado se mueve levemente y susurra: ¿sigues escribiendo...?.

No, la vida regresa con el lucero del alba.



domingo, 21 de noviembre de 2010

Con las piedras, con el viento...


“Con las piedras, con el viento
hablo de mi reino.

Mi reino vivirá mientras
estén verdes mis recuerdos.
Cómo se pueden venir
nuestras murallas al suelo.
Cómo se puede no hablar
de todo aquello.
El viento no escucha. No
escuchan las piedras, pero
hay que hablar, comunicar,
con las piedras, con el viento.

Hay que no sentirse solo.
Compañía presta el eco.
El atormentado grita
su amargura en el desierto.
Hay que desendemoniarse,
liberarse de su peso.
Quien no responde, parece
que nos entiende,
como las piedras o el viento.

Se exprime así el alma. Así
se libra de su veneno.
Descansa, comunicando
con las piedras, con el viento”.


de "Con las piedras, con el viento...". 1950

José Hierro: "Poesías Completas". Visor de Poesía. Página 211


sábado, 20 de noviembre de 2010

Comenzó la liga femenina alevín...


Comenzó la liga alevín femenina con nuevo cómputo de tiempo. Se jugarán seis sextos aunque será dificil no hablar de seis cuartos. A veces la costumbre no resulta lo suficientemente matemática, nos engaña y nos hace sestear en cada cuarto, perdónenme, en cada sexto.

Nuestro equipo, el AD Infante Alevín A se enfrentó en territorio extraño con el Maristas Grupo Generala. Y decimos extraño porque resulta inédito ver a nuestra hijas jugar en un pabellón cubierto, con gradas y marcador electrónico. Ellas que están acostumbradas al cielo como cubierta natural, al viento y a la lluvia, a la luna casi invisible por mor de las luces de la ciudad.

Tampoco tiene nuestro equipo un patrocinio tan lucido como Grupo Generala, las instalaciones deportivas en las que entrenan son municipales, pero la ilusión de unas niñas que comienzan la andadura por los territorios del baloncesto, llenos de arcos irisados detrás de cada ventana de aire y piedra y de tormentas que quiebran el marcador con un rayo de oscuridad, es grande, también hermoso. Junto a ellas, como un susurro de esperanza y apoyo, están las entrenadoras y entrenadores- Vero, Carmen, Anabel, Federico-, que antes, en tiempos también difíciles para el deporte femenino, fueron, y son, jugadoras de baloncesto, personas enamoradas del balón y de la competición, de los 3X3 estivales, de la arena del mar y de la sonrisa franca y abierta.

Nuestras hijas del AD Infante se diviertieron jugando con Maristas Alevín – no haremos más publicidad de grandes empresas-, bromearon a costa de los 6/4, de los 6/6 y de la unidad, ahora que en estos días de colegio están estudiando los números enteros, restando y sumando negativos y positivos, y ganaron el partido por 46 a 33. Buen comienzo para un equipo que crecerá en el futuro, en competitividad y sobre todo en amistad y solidaridad.

Suerte a nuestras jugadoras en esta singladura deportiva, suerte a Elena Pérez Rueda, Paula Sánchez Poveda, Marta Ibáñez-Díaz Peco, Julia Hurtado Cuenca, Carmen Funes Navarro, Lucía Bernal de Ayala, Lorena Pérez Espín, Rebeca Romero Alarcón, Marina Montes Groña y Clara Saura Perona, y, por supuesto, a sus entrenadoras, Vero Alcaraz Ferrer y Carmen López López.

Nos espera un año de viajes, alegrías, tristezas relativas, paisajes hermosos y amistad. Así es el baloncesto, así debe ser.

viernes, 19 de noviembre de 2010

El arte pendenciero


El arte pendenciero es aquella manifestación de la cultura que crea fealdad y se abriga con las estrofas del idioma, o con los colores del arco iris, o con el mármol de Carrara o la arcilla de los sueños interiores.

Alguna vez hemos viajado en un tren observando la mirada perdida de un viajante, sus largos y silenciosos bostezos mientras la vía del tren es un túnel infinito apenas interrumpido por un rayo de sol, una rama de abedul o hierba crecida entre las rocas del infierno.

Otras veces hemos contemplado unos ojos negros prendidos con alfileres a un cráneo deshecho por el paso del tiempo, la gusanera y el olvido.

Y siempre hemos contemplado la luna en lo alto de nuestra cabeza, iluminando entre los cabellos el atajo de Caperucita Roja o la Casa de Chocolate en medio del bosque. La bruja por aquí, el diablo por allá...Hablamos con metáforas, tal vez las metáforas hablen por nosotras y no seamos en nada parecidas a una realidad palpable o una etérea imbecilidad.

¡Que hablemos de baloncesto en el campo de batalla, entre castaños y rizos de luz caracoleando en la herida abierta!.

Sí.

Hablaremos de baloncesto y del huracán abatiendo árboles de cemento, vallas de caramelo y mentiras que crecen en las ramas de la filosofía.

Hablaremos de las noches blancas del Báltico, de Kadaré y de la literatura albanesa en los tiempos del terror.

Hablaremos porque el silencio es la muerte.

Alguna vez hemos viajado en un tren de corazonadas verticales, como las torres de algodón blanco que crecen en los horizontes del estío. Hemos visto viajantes con la corbata anudada al tendido eléctrico y hemos pensado en el baloncesto. Extraña singladura de un mundo que nace de las luces ilustradas y muere en los campos de exterminio de la Europa Central.

Otras veces hemos sabido captar las luces crepusculares de la amistad y nos hemos apeado del tren en marcha, silbando el viento y el miedo en nuestros rostros ateridos por el hastío de este mundo opaco y paradojicamente desnudo. El salto ha durado décimas de segundo pero la libertad ha brotado en derredor como el canto de una sirena en el mar de los poetas.

Hablaremos porque el silencio es el olvido.

Pero no será hoy, perdonadme.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Larre Berdeak ( Verdes Campos )


Parece que la preselección cadete masculina de baloncesto hace la maleta y se marcha al País Vasco aprovechando el puente de la Constitución. Si anteriormente anduvimos por los cerros de Úbeda entre olivos, tormos y mochuelos, ¿qué podemos decir de las laderas y valles que se alargan perpendiculares al Mar Cantábrico?:

Larre berdeak,

campos verdes brumosos, envueltos en nubes y hojarasca otoñal, y las olas del mar batiendo los acantilados o cristalizando, en las playas de San Sebastián o Zarautz, su ímpetu salvaje en espuma

Parten los jugadores con pertrechos y acaso ideas preconcebidas sobre los bosques, pueblos, caseríos y gentes del País Vasco. Viajan a los valles interiores labrados por ríos cortos y pendencieros, entre hayas, robles, abedules, pinos y calveros de un verde enhebrado de hierba y vida. Vivirán en Eíbar, cruzarán el Deba y subirán por la carretera hasta Urretxu después de muchas curvas y llamaradas de belleza en el horizonte. Acaso se detengan en Bergara para contemplar el hórreo a las afueras de la ciudad, o buscarán el puente del Abrazo que se dieron Espartero y el general carlista -y lorquino- Maroto; o subirán al Santuario de Aránzazu, entre caseríos vascos, bosquecillos y prados, para contemplar la obra de Oteiza, Txillida, Lucio Muñoz o Sáenz de Oiza, o tal vez hablarán con un jesuíta de Teruel que les invitará a la misa de la tarde en el Santuario de Loyola, que oficiará en un hermoso euskera que “los de aquí son incapaces de superar"

Viajes deseados, viajes añorados, lugares dormidos plácidamente en algún lugar de la memoria que atesora el pasado vivido y gozado.

Buen viaje, la belleza es un paisaje detrás de cada colina, bosque o regato. Allí la encontraréis si la buscáis en los días oscuros del último otoño.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Los cerros de Úbeda


Nos aconsejan que reorientemos nuestro discurso, que nos estamos yendo en exceso por los cerros de Úbeda, como si hayedos y riachuelos cubrieran sus laderas, y debajo de los helechos y las setas vivieran gnomos, elfos, seres mágicos que brotan como sueños de las lecturas de nuestra infancia. Nos lo dicen a la hora del Ángelus -los campesinos de Millet oran desnudos de oropeles pisando cáscaras de patata-, mientras nuestros hijos juegan un partido con la Red Deportiva Yecla 95 en el semisótano del Palacio de Deportes, lejos de la luz brillante y cálida de un sábado otoñal. Es un día precioso, con unas nubes blancas y finas en lo alto del cielo. Las hojas meditan en silencio y algún perro vagabundo ladra junto a un estanque. Los yeclanos bajan del Altiplano en autobús, observando con la mirada de Azorín los campos de olivos y almendros y las sierras que resurgen de las tinieblas de la noche a ambos lados de la carretera.

Comentan los que entienden de baloncesto que el CB Murcia 95 ha jugado un buen partido, lo confirma la satisfacción de Javier Martín, el entrenador. Nuestros hijos ya no andan por los cerros de Úbeda, buscando, entre olivos y mochuelos, el método cartesiano, porque esto del baloncesto tiene mucho de ciencia experimental y también de filosofía. Y parece que lo encontraron, lo admiraron y se divirtieron con él. Según esta teoría, defendida por sectores doctrinales de padres y madres, nuestros hijos serían aprendices de la ciencia del baloncesto y nosotras meras cronistas de su proceso de aprendizaje. C'est possible. Ciertamente, este deporte es mágico, matemático, bello, poético y filosófico. Sus practicantes son peones que crean arte con sus movimientos en el parqué, millones de esbozos- y escorzos- para encestar y para maravillar. Y detrás de todo hay un director de orquesta, una batuta y una sinfonía de combinaciones millonarias, tal como ocurre, por ejemplo, en el ajedrez. No obstante, cuando observamos los esbozos de la partitura en la pizarra de los entrenadores nuestra perplejidad es mayúscula. ¿Puede encerrar la simplicidad de las lineas y parábolas tanta sabiduría?. Parece que sí, la pizarra es fuente de creación.

Por los cerros de Úbeda anduvo esta cronista, buscando debajo del olivo la aceituna madura, pero topamos con los saharauis y con su soledad en el desierto de piedra de Tinduf y en las afueras calcinadas de El Aiún. Mientras, pensamos si el deconstruccionismo ha llegado al baloncesto como lo ha hecho a la cocina de autor.

El domingo por la tarde se jugó un partido entre el Básquet Molina Junior y la Preselección Cadete Masculina. Ha ganado el equipo molinense por un punto (84-85). Quedaban 19 segundos e iba ganando la preselección murciana por 84 a 82 hasta que, en una jugada ensayada, Adrián Méndez ha metido un triple desde más de siete metros. Los nuestros han disputado el partido de tú a tú pero la balanza ha caído del lado de los jugadores venidos de aguas arriba del río Segura. Habrá cronistas que diseccionen técnicamente el partido, nosotras solo podemos decir que nos hemos divertido. ¡Y mucho!.

PD: la inspiración no nos ha ayudado esta noche. Se debió quedar disfrutando de la brisa marina. Ni siquiera Azorín nos ha favorecido en la búsqueda de la Musa esquiva. Tampoco el fulgurante paisaje de un mar rizado y un sol que bruñía de oro su arena encabritada. Otra vez será. Releeremos a Cernuda, las nubes cubren su recuerdo (y el nuestro).

viernes, 12 de noviembre de 2010

Buscamos la luz en la palabra...


Buscamos la luz en la palabra, ese parpadeo de oro en el fondo de la letra, en el ángulo de 90º grados de la L y solo hallamos soledad, olvido, oscura ausencia. Luego nos encaramamos al descansillo de la F, antes de conquistar la cima y contemplar entre nubes blancas y alargadas el inmenso mar hablándonos a borbotones de sal. Desconocemos nuestro destino, si es que acaso lo tenemos, desconocemos si el vuelo futuro nos hará crecer las alas de algodón o caeremos heridas, con los brazos cercenados, en la profunda sima del desconcierto. No lo sabemos, nadie lo sabe.

Buscamos la verdad en la palabra, nos deslizamos por los toboganes de la V, subimos y bajamos, somos y fuimos, pero la tenue certeza que nos haría serenar el corazón se nos oculta detrás del hilo de seda, de las hojas de las moreras en primavera, tiernas, verdes, olorosas. Tal vez podamos podar los árboles, desnudarlos hasta provocar rojez en sus tristes ramas pero nunca nos mirarán con compasión, hemos destruido tanto y con tanta saña que ya la naturaleza nos vuelve insolente la espalda.

Noviembre es un mes largo, vacío, sin un puente en el que descansar y contemplar los días borrados del calendario por las luces y las sombras, los vientos y la quietud de los árboles. El día se desvanece poco después de las seis de la tarde, la luz artificial proyecta sus brillos sobre las pistas descubiertas de baloncesto mientras nuestras hijas juegan, ríen, atienden las explicaciones de sus entrenadoras y sueñan con viajes a la nieve o con la llegada de un nuevo estío vestido de arena y oleaje.

La hojarasca es el olvido. Mientras tanto el tiempo envuelve en un capullo de silencio nuestras perdidas ilusiones.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Poco después del Ángelus ha susurrado la hojarasca...



El silencio será nuestra última palabra,

hasta la llegada del viento..

Poco después del Ángelus

ha susurrado la hojarasca,

se ha detenido el reloj,

la mordaza ha caído a plomo

sobre las doce y treinta.

El viento llora la pérdida del poeta,

nos ha dejado con la boca sedienta

de versos húmedos,

nos ha dejado acaso para siempre,

con la ventisca flácida

y la piel caliente del céfiro en los suspiros

de la acacia,

en los nombres olvidados

por la muerte temprana del estío.

La mordaza ha caído a plomo

abriendo un corazón en el vientre de la viña.

Arrastrado por los blancos patios de la Judería,

el silencio es una tumba profanada,

un sepulcro de sangre,

y el agua del río baja turbia

entre azucenas y llantos del viento,

y la muerte baja por el río

con una sonrisa de agua en la frente.









lunes, 8 de noviembre de 2010

la llegada del viento...


Pensábamos llamar a esta entrada la llegada del viento y, meditándolo bien, así lo vamos a hacer. Hemos aguardado toda la mañana y parte de la tarde mirando por la ventana para observar el movimiento de las palmeras y de las acacias, el trémulo de sus hojas, el silbo venido de occidente, del océano y de las tierras de olivos y viñas.

Pero el viento no ha llegado. Tal vez espere a la madrugada para ser guiado por los rayos de la luna. De pronto observaremos un leve movimiento de las cortinas y visillos, como un suspiro de aliento o un tenue roce de la seda en el hombro desnudo. Y luego el llanto de las calles y de los árboles, el latido tumultuoso de la noche serena, los primeros rayos de sol ensangrentado las nubes del alba.

El viento no ha llegado pero nosotras lo sentimos presente, como un canto oscuro o el hermoso vuelo del águila imperial por los calveros del bosque.

Acaso mañana podamos decir que hemos capturado con la mirada la esencia de una ola encabritada, o el susurro del viento moviéndose con patas de ciempiés entre el carrizal, o la veleta hastiada por la impostura de las ráfagas y ventiscas, o las nubes disfrazándose con la paja de un espantapájaros, o la luz de sol cabalgando a lomos de una hoja o de las alas de los ruiseñores. Pero ahora somos quietud, silencio, música sin letra, poesía recóndita oculta en las simas azules de un impulso amoroso.

El silencio será nuestra última palabra,

hasta la llegada del viento...

domingo, 7 de noviembre de 2010

El silencio es nuestra última palabra...


“Escribir en España no es llorar, es morir,

porque muere la inspiración envuelta en humo,

cuando no va su llama libre en pos del aire”


Luis Cernuda


Es también desnudar tu alma, no ante la gente que te lee y discrepa, sino ante ti misma, ante tu propio discurso lógico que brota, como el agua de los manantiales, de tu cabeza soñadora, o realista o falsamente amueblada con lecturas dispares.

“Agua de los manantiales” o de las fosas sépticas, a veces desconocemos de donde mana la realidad creada que nos rodea, los árboles en el horizonte alineados hacia un sur de dorados y plácidos soles mediterráneos, o las nubes blancas que cruzan raudas nuestras pasiones descontroladas o apenas sujetas con quebradizas bridas de paja.

No sabemos si somos la noche de la esperanza o una tierra herida por la desidia y el desamor; tampoco si las palabras que fluyen ora libres y limpias ora trabadas y sucias son dictadas por la razón o por la ilusión. Solo (1) alcanzamos a comprender que nuestro corazón se deshace expuesto a los vientos y a lluvia en un alto y aislado roquedal de las montañas del olvido, allí donde la Nube grita su enfado y escucha atenta el llanto de sus esclavizados adeptos.

Quisiéramos ser una isla dominando el Siglo de las Luces, el Mar Caribe que nos besa en la frente con sus aguas turquesas o mantener conversaciones en la catedral, en la penumbra, absorbiendo el aroma del incienso y de los líquenes adheridos a las suelas de los zapatos. Pero no somos Alejo Carpentier, ni Vargas Llosa ni tan siquiera la humilde hormiga en un paisaje frondoso habitado por proyectos y luciérnagas que los iluminen.

Solo la vida transcurriendo día a día, entre cielos despejados y gaviotas que dibujan sombras móviles en los horizontes descarnados del crepúsculo. Y cuando llega la noche, viajera del desconsuelo y de la vigilia, volvemos la cabeza a un tiempo pasado escrito con renglones rectos y palabras oscuras y vemos el ocaso de la historia y su oráculo, que ya describió la decadencia, la necesidad, el abandono y el olvido de las gentes que se ahogan en las crestas blancas de las olas de los océanos y de los mares interiores.

Y ahora callamos y recordamos a Luis Cernuda, y pensamos con él, y con muchos otros, que España es el único país en el que se muere por la poesía, y por las estrofas de cualquier soneto que nos destroza el corazón con garras de animal pacífico. Somos la última voluntad de nuestros descendientes, también de nuestros ancestros. Somos una bandera hecha jirones ondeando al viento de la desventura, en mitad de la tierra, arrastrada por las pasiones procelosas de torrentes desventurados.

Y callamos, el silencio es nuestra última palabra...



(1)- Muy a nuestro pesar, escribiremos solo (adverbio) sin tilde para adaptarnos a las nuevas normas de ortografía de la RAE.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Largo y extraño fin de semana


Largo y extraño fin de semana. El viernes por la tarde visitamos el cementerio – para recordar a nuestros seres queridos como se lee en la esquela de nuestro futuro-. Nos detuvimos ante un panteón con ventanas góticas y alguna escultura en la techumbre a dos aguas. Más allá, por calles y callejuelas con altos cipreses en una o dos hileras, hallamos otro panteón que nos recordó al estilo internacional y todavía más lejos, otro construido en su totalidad con hormigón. La gente deshollinaba los túmulos funerarios, iba y venía con cubos de agua, se sentaba con la mirada perdida en el mármol y guardaba silencio mientras deletreaba las inscripciones de las tumbas.

Por la noche recordamos el panteón gótico viendo jugar al CB Murcia en el Palacio de Deportes. Extrañas hilaturas que nos lleva de los telares del mas allá al mal juego de los cestistas murcianos -ninguno-. Imaginamos como sería el sepulcro de nuestro equipo si no asciende a la ACB: clásico pero sencillo, rococó, funcionalista o sin estilo. ¡Qué más da!. El mal juego, el desacierto, la nula implicación de algún jugador, los murciélagos en los marcadores del Palacio, las goteras en noches de estrellas y luna callada, la escasez de público, aquella familia con una bandera de León semiescondida, nos recordó la tenue seda que separa la vida y la muerte, el pasado y el futuro, la alegría y la lánguida pena de los panteones góticos. No sabemos que será de nuestro CB Murcia. Los vientos son adversos, las nubes cruzan el cielo, los balones no entran en la canasta, el tiempo se detiene en el cero y perdemos por dos puntos.

El sábado por la mañana nos tocó partido con el AD Infante, nuesto segundo equipo de los misteriosos barrios del otro lado del río Segura. Gran partido de los jugadores que entrenan al aire libre, en pistas resbaladizas, con días grises y noches basálticas. Algunos jugadores provienen del desaparecido EBECAÁlvaro Bernal, Alejandro Alarcón- y mantienen una larga amistad con los otros Ex-EBECA que emigraron a los barrios de la margen izquierda del río y se integraron en el CB Murcia 95Álvaro Gómez, Vicente García, David Saura- y CB Murcia 96Alberto Campos-. Equipo “laico”- en el sentido de no estar asociado a ningún colegio concertado o privado-, equipo añorado, equipo recordado por muchas personas que pasamos unos años agradables viajando de un lado a otro con los hijos, botellas de agua y deseos de superación.

O tempora, o mores!.

Todo acabó merced a la falta de instalaciones deportivas en la ciudad de Murcia, al nulo compromiso de los gestores municipales con la promoción del deporte de base, al tiempo que desgarra en jirones de desesperanza todo buen proyecto, idea o deseo.

El CB Murcia 95 ganó por 86 a 62 a un aguerrido AD Infante, que mantuvo durante todo el encuentro sus armas en alto, sin amilanarse ni desinflarse físicamente. Hermoso partido.

El domingo por la tarde viajamos al Centro Deportivo La Flota: entrenamiento de la preselección cadete. Se ha hablado ya en otros foros del evento. En la calle, los jóvenes iban disfrazados para celebrar la fiesta de Halloween, un viento fresco arrastraba las nubes en una tarde que se hizo de noche en un suspiro y las luces de la ciudad nos parecían más tétricas de lo habitual. Alguien leía en algún recodo de la calle Don Juan Tenorio de Zorrilla y nosotras recordábamos los panteones góticos, la perdida del padre, el tiempo inmisericorde que nos hacía suspirar de desengaño y los sueños perdidos en los vendavales de hojarasca del rojizo poniente. Adentro, nuestros hijos jugaban y se divertían y un calor exquisito, como proveniente del Mar Caribe o de las playas blancas y lisas del Índico, nos arropaba con los susurros de un estío lejano y aposentado en algún extraño lugar de nuestro cerebro.