lunes, 29 de agosto de 2011

Juan Oliva por tierras eslovenas


Juan Oliva contempla las estrellas más cerca que nosotros. Acaso algún día toque la Osa Mayor con las huellas de los dedos o se convierta en una estrella luminosa en lo alto del firmamento murciano. Ahora se le ve pasear por los misteriosos barrios del otro lado del río, sentado en un banco o cruzando un paso de peatones. En otoño volveremos a verlo con su mochila de vuelta del Instituto, como el tronco de un olmo en medio de la campiña del Piamonte, sobresaliendo sobre las sombras del sotobosque y de los altos árboles de la ribera del río.
Juan Oliva ha jugado estos días en Eslovenia, país que jamás ha visitado la autora de esta entrada y que, no me cabe duda, estará en los “debe” de la vida cuando la aurora cierre definitivamente mis ojos con sus dedos rosados. Estar cerca de Los Alpes, oler el viento de Los Alpes, jugar entre montañas verdes, agua y tormentas al atardecer…
Juan Oliva ha triunfado en Eslovenia: Ha jugado, ha anotado y se ha divertido. No sabemos si ha viajado, con el resto del equipo, por el país, de poco más de 20.000 kilómetros cuadrados, y si se ha asomado a la costa del Adriático. Se lo preguntaremos a los padres si los vemos este septiembre. Resulta extraño que cuando visitaron presumiblemente Liubliana el final del trayecto concluyera en los centros comerciales a las afueras de la ciudad. Cosas de la nueva cultura universal.

No importa. Las alas adolescentes de Juan Oliva y sus compañeros de selección han ascendido a las nubes blancas del mediodía y sus miradas han quedado prendadas de las aguas cristalinas del Lago Bled, de su isla, de su iglesia, de las montañas cercanas, de la nieve que cubre el invierno esloveno. Y en otoño lo veremos de nuevo caminar por las calles de los misteriosos barrios del otro lado del río, un olmo en medio de los sauces, creciendo como jugador en el CB Murcia y como persona entre amigos y amigas, entre compañeros y compañeras.
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