lunes, 31 de diciembre de 2012

A modo de felicitación...

Un año que fenece entre algodones rojos
 -llanuras silenciosas de nuestro río íntimo de la esclavitud -.
 Un nuevo año que nos lo darán dado
 -pieles de sueños asoleados en las campiñas de grama y olvido-.

Pero pienso, pensad, que podemos modelar con las manos nuestro futuro,
 y este es una cinta de oro entre campos de amapolas,
y este es un sol que bruñe el camino de nuestro destino.
 Feliz año nuevo,
 feliz vida nueva.
Nos la merecemos.



  «Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!
 Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
 la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... ¡Yo no sé!

Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras
  en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
 Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas;
 o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

 Son las caídas hondas de los Cristos del alma
 de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
 Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
  de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre... Pobre... ¡pobre! Vuelve los ojos, como
 cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
 vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
  se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!»

 César Vallejo

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