jueves, 10 de marzo de 2016

La Biblia en España



A lo largo de los siglos, la lucha de los Comunes por conseguir  autonomía para determinar las condiciones materiales de sus vidas ha sido una constante. Llámense como se llamen (plebeyos, comunes, clases populares, pueblo…) hablamos de una mayoría social que en los últimos años tiende a ampliarse mientras que la otra fracción que sí puede determinar su futuro, su riqueza y, al mismo tiempo, el futuro y la riqueza de los demás, disminuye. Tiene similitud con “los de arriba” y “los de abajo” del discurso de Podemos y cada vez más se diferencia de la tradicional clase obrera, sujeto revolucionario por antonomasia de la izquierda marxista. En este sentido, Podemos ha sabido diseñar un nuevo relato que sintoniza más con el pensamiento transgresor inglés desde la Edad Media que con la socialdemocracia y el comunismo continental. La clase obrera, en su acepción clásica, es una minoría entre los Comunes. La clase obrera organizada, la que trabaja para las multinacionales o las grandes empresas dónde existe implantación sindical, comités de empresa y capacidad de lucha, es a su vez una fracción mínima de la clase trabajadora y de los Comunes. De lo que se deduce, o debería deducirse (hay mucha gente en la izquierda apegada a la tradición) que en el Siglo XXI el cambio o la ruptura solo puede venir a partir de la desconstrucción del sujeto revolucionario en un mundo globalizado en donde el trabajo, más aún el trabajo estable, será un bien cada vez más escaso.

Tal vez sea tiempo de olvidarnos, o abstraernos, de las ideologías revolucionarias de la Edad Contemporánea y, navegando por los corazones de los siglos, acaso desde Jesucristo y aún antes, buscar ese viento de liberación que animaba a los que no tenían, a los que se les había robado lo que tenían, en definitiva a aquella inmensa mayoría que no podía determinar cómo sería su presente y su futuro. Lo que está rompiendo el consenso social en las primeras décadas del Siglo XXI es, en primer lugar, no tanto la gran recesión que estamos sufriendo sino las recetas que se están aplicando para superarla y, en segundo lugar, la percepción de que el credo neoliberal nos devuelve las cadenas de la incertidumbre de las que lentamente nos fuimos liberando desde la Revolución Francesa, en España muchísimo después. Esta convicción ha finiquitado el bipartidismo, reduciendo notablemente el voto de los dos partidos hegemónicos desde la Transición del 78. El PSOE perdiendo gran parte la credibilidad a partir de 2010 con las reformas al diktat de Merkel, el PP con su insensible política de recortes que tanto sufrimiento ha provocado a la sociedad española.
Evidentemente España no es Inglaterra, su historia, aparte de los encuentros esporádicos, violentos y resueltos en general desastrosamente para la primera, tampoco. En la formación de la clase obrera inglesa tuvieron que ver mucho las transgresiones religiosas de los siglos anteriores, si hacemos caso a Thompson. A la España heredera del Concilio de Trento, vino a vender biblias George Borrow, políglota inglés comisionado por la Sociedad Bíblica Británica. Extrañará a los lectores tal negocio. La Biblia y España no parece que hayan caminado separadas a lo largo de los siglos. En realidad, en nuestro país solo se comercializaba el texto en latín, la conocida como Vulgata. Barrow desembarcó en Portugal y, si no recuerdo mal, entró en nuestro país por Extremadura con biblias en castellano, que nos traerían tolerancia y modernidad. Cosas del libre examen del luteranismo.
Durante la Gran Depresión de los años treinta del Siglo XX, si hacemos caso a Howard Zinn en su La otra Historia de los Estados Unidos, hubo fenómenos similares a los ocurridos en nuestro país con la terrible crisis económica que estamos sufriendo. Por ejemplo, la lucha contra los desahucios. La diferencia está en los actores, que en el caso norteamericano fueron los sindicatos y el Partido Comunista de Estados Unidos, y en nuestro caso las ex novo Plataforma de Afectados por las Hipotecas (PAH). Seguramente, tanto los sindicatos norteamericanos como el Partido Comunista hubieran acabado como acabaron aunque el presidente de la época no hubiera sido Roosevelt y no se hubieran aplicado las recetas económicas de Keynes. En nuestro caso, el desprecio a las necesidades sociales, verbal y postural en el caso de Rajoy, de los partidos políticos hegemónicos ha concluido con el fin del bipartidismo y el surgimiento de nuevos actores políticos, curtidos en la calles y plazas de nuestro país, que en estos días transgreden diariamente los usos y costumbres del Congreso. Estos actores, Podemos pero también un líder como Alberto Garzón,  han cambiado el relato de conformismo que teníamos tan bien aprendido desde hace décadas. Y lo han hecho modificando el eje izquierda-derecha por el eje arriba-abajo para ampliar el electorado al que se dirige un discurso de rebeldía. Nosotros, el noventa y nueve por ciento, los Comunes, las clases populares, a los que se nos ha arrebatado la certidumbre de nuestro futuro y el de nuestros descendientes y ellos, de los que solo sabemos que mueven el dinero y el poder a placer. Durante siglos hemos luchado por poder tener acceso a las herramientas de la supervivencia y con ellas poder planificar una vida segura y amable.
Las últimas noticias indican que habrá elecciones el 26 de junio. PSOE y Ciudadanos han hecho maridaje negociador. Parece que irán juntos en las reuniones que mantengan con otros partidos para negociar la formación del gobierno. Cuesta entender la postura del PSOE.  En un eje clásico izquierda-derecha tendría cierta explicación, pero ahora no nos movemos en ese eje. Y Ciudadanos es un partido de arriba, apoya a esa minoría que quiere gobernar no solo nuestras haciendas, también nuestras vidas. Es un partido más neoliberal que el PP, aunque en lo cultural pueda ser más moderno y tolerante. Apoya, en nombre del crecimiento y la prosperidad, ese intento de acabar con los pocos márgenes de certidumbre que nos queda a los de abajo, de dejarnos a merced de caprichos ajenos, de convertirnos en eternos dependientes de una minoría selecta. Esto debería diferenciarlos nítidamente del PSOE, pero los herederos de Pablo Iglesias, el viejo, no parecen verlo. Creen ampliar la base social hacia el centro. Esperan que las urnas lo premien por su responsabilidad, tanto a ellos como a Ciudadanos. Están intentando volver a vendernos la Vulgata, pero la ciudadanía hace tiempo que dejó de escuchar el sermón de espaldas a la feligresía.

La Biblia ahora se lee en español y esto nos hace más libre para decidir después de examinar la realidad. 

http://www.lacronicadelpajarito.es/blog/fsaura/2016/03/biblia-espana
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