lunes, 17 de mayo de 2010

A veces odiamos el baloncesto



A veces odiamos el baloncesto porque nos produce sentimientos contrapuestos, no siempre positivos, al menos en un sentido de buscar cierto equilibrio entre nuestros legítimos anhelos y los de los demás, tan o más legítimos que los nuestros. En este sentido, no solemos hacer afirmaciones taxativas sobre entrenadores, jugadores, árbitros, madres o padres, estructuras deportivas, objetivos… Si las hacemos sobre la naturaleza que nos rodea y nos acompaña en nuestros viajes en autobús y coche, sobre las nubes que surcan el cielo en veleros con mástiles de viento o en los mares que hemos disfrutado durante la infancia y la adolescencia, y que ahora vemos rodeados de edificios y luces nocturnas. Todos y todas las personas somos conscientes de que el devenir del tiempo transforma nuestros recuerdos, ora los exprime hasta convertirlos en ceniza, ora los transforma en materia sintética, fría, inerte…No sabemos el recuerdo que atesorarán nuestros hijos, dentro de 25 ó 30 años, de la final a cuatro de 16 de mayo, pero queremos que esos recuerdos de alegría, de tristeza pero también de lucha y de voluntad de triunfo, no estén inscritos en los registros del debe, sino en los del haber. La final a cuatro es un patrimonio de todos los jugadores que han participado en ella, con independencia de los padres, de las madres, de los entrenadores, de los directivos y de los árbitros. Es un patrimonio y un regalo a la constancia de todo un año. No lo desperdiciemos con reproches mutuos entre los actores secundarios de esta película. Nuestros nombres son insignificantes en los créditos de este espectáculo al que asistimos como meras espectadoras y espectadores.

A veces, cuando odiamos el baloncesto, respiramos profundamente y apartamos papel y bolígrafo hasta mejor momento.



El CB Murcia 94 campeón


“Tengo un refrán de Cabezahueca: “cuando un hombre es pesimista antes de los 48, sabe demasiado, si es optimista después de esa edad, es que sabe muy poco”

Extracto de un a carta de Mark Twain a Joseph Twitchell.

Hoy domingo hemos asistido a la final cadete masculina en Alcantarilla. Ha ganado el CB Murcia 94 al Archena por 70 a 65, pero no podemos negar que durante todo el partido hemos pasado del optimismo al pesimismo y viceversa, de los 48 ó 49 años a los 47 ó 46 años. Y tampoco podemos negar que si hay una Arcadia Feliz, un mundo en que podemos navegar por ríos de ilusión y lucha, entre palmeras, naranjos, chopos, limoneros y colinas desnudas, tal lugar está en Archena. No obstante, los campeones han sido los muchachos del CB94, y se les ha visto felices, emocionados, abrazando con sus corazones las medallas y la dulce sensación de sentirse los mejores cadetes de baloncesto de la Región. Otro día hablaremos de Arcadias felices, de Tomás Moro, de los socialistas utópicos, de los Cavadores o de los Niveladores de la época de Cromwell de kleenex, de campeones morales y de poemas escritos en las palmas de las manos. A los 15 años las tragedias no pertenecen a este mundo, y esto lo saben o deberían saberlo las mujeres y hombres que hemos sido adolescentes en algún tiempo anterior, en los setenta u ochenta del siglo pasado. Las alegrías y las penas son peregrinas, y la amistad es el combustible que mantiene encendida la llama que calienta los corazones. Siempre recordamos el inicio de La Odisea: "cuando Eos, la de los dedos rosados...". Todas los amaneceres son hermosas, brillantes y llenos de novedades para nuestros hijos. Mañana, el sol iluminará el Valle de Archena, recorrerá con sus dedos las orillas del río, se filtrará entre las hojas del bosque de ribera y empujará aguas abajo los ecos de un gran partido jugado con pasión y voluntad de victoria.

Felicidades a los dos equipos, han sido dignos finalistas en un atardecer que anuncia la llegada del estío. Nos veremos en los campus de baloncesto, en los torneos de tribasket, a la orilla del mar, con el sol bruñendo los rizos del viento en las crestas de las olas.

jueves, 13 de mayo de 2010

En estos tiempos de zozobra


En estos tiempos de zozobra es difícil hablar de ciertos temas que no creen disensos importantes. El mundo se ha sofisticado de tal manera (añoramos la simplicidad de la Primera e incluso de la Segunda Revolución Industrial) que fácilmente nos devoramos entre iguales. Hemos perdido también la escasa autonomía que teníamos sobre nuestras vidas y nuestras pertenencias, y ahora vivimos sometidos al designio de fuerzas extrañas que crean crisis económicas y luego deciden como solucionarlas. Se nos dice, y éste es un discurso extraño en siglos anteriores, que para crecer debemos vivir peor y, por tanto, ya no podemos confiar en la técnica como fuente de desarrollo y bienestar porque tanto ésta como la ciencia ya no sirven intereses colectivos. Allá por el año 2000, un cierto optimismo en los designios de la economía política nos auguró el fin de las crisis económicas gracias a la globalización. Se equivocaron, nos equivocamos. Pero ahora, y debe ser un juego de las fuerzas de la (des)información que tampoco controlamos, se nos enfrenta a unos contra otros: los culpables son los privilegios intolerables de los asalariados que tienen puestos de trabajo vitalicios, parte de responsabilidad tienen también los parados que cobran subsidios de desempleo, ¡y no hablemos de las personas dependientes o de los jubilados!... hay que hacer la vida más insegura, hay que convertir cada amanecer en un paisaje selvático, de leones contra gacelas, de guepardos contra cebras, y de hienas devorando los restos del holocausto.


Todo esto nos viene a la mente, no por la crisis económica, sino por las intervenciones de “la caída de las hojas del almanaque”. Parece que necesitamos enfrentarnos para defender no se sabe qué valores competitivos, tribales o no. Si el deporte grupal es el retorno a las jaurías primitivas no creemos que merezca la pena vivirlo. Las relaciones humanas son difíciles per se, y las personas nos esforzamos en complicarlas aún más. No obstante creemos, admitimos la posibilidad de errar en nuestra apreciación, que cuando nuestros hijos e hijas comparten fiestas, cumpleaños, jardines, sonrisas y confidencias, la sombra simiesca de la deslealtad no aparece por ningún lado.


Hay unos versos de Blas de Otero que siempre nos ha producido honda inquietud. Dicen:



“Me llamarán, nos llamarán a todos.

Tú, y tú, y yo, nos turnaremos,

en tornos de cristal, ante la muerte.

Y te expondrán, nos expondremos todos

a ser trizados ¡zas! por una bala.

Bien lo sabéis. Vendrán

por ti, por ti, por mí, por todos

Y también

por ti.

(Aquí

no se salva ni dios. Lo asesinaron.)

Escrito está. Tu nombre está ya listo,

temblando en un papel. Aquel que dice:

abel, abel, abel ... o yo, tú, él ...”



Hay algo en este mundo que nos recuerda estos versos, algo trágico que nos deliza por el tobogán del pesimismo antropológico: nunca aprenderemos



La fotografía es del “El peine de los vientos”, escultura de Eduardo Txillida.




martes, 11 de mayo de 2010

La caída de las hojas del almanaque


La caída de las hojas del almanaque nos hace vislumbrar el verano, con su brisa de la tarde cimbreando las velas de las barcazas y la camisetas húmedas de los bañistas. Pero antes, en tierras próximas al Mar Menor, se celebrará el día del minibasket. Tal vez el sol caiga a plomo sobre las solanas y busquemos un lugar a la sombra debajo de chopos, acacias o muros que no impidan el paso de la brisa. Acaso, las gaviotas cristalicen en el cielo o una nube dibuje sombras redondeadas de caramelo a lo largo de las pistas de baloncesto. Será un día especial, de convivencia, de compañerismo, de echarnos unas canastas para divertirnos. Habrá niñas y niños, madres y padres. ¡Qué bonito sería que ese día se convirtiera en un ágora de libertad e igualdad!. Vivimos en una tierra que permite que cada paisaje se convierta en una plaza para compartir, dialogar y disfrutar. Grecia nos enseñó ese camino que lleva de la esclavitud al dialogo entre iguales, en el que todos tenemos razón y nadie la tiene, en el que el el discurso se enriquece con infinitas voces, sin que ninguna sobre. ¿No sería maravilloso que se crearan ágoras de niñas y niños y se hablara de la importancia del deporte para todos los seres humanos?, ¿o que se hablara de que el baloncesto es un patrimonio de todas las personas que lo aman y lo practican con independencia de su género?, ¿o que no hay cosas de niñas y cosas de niños, sino estereotipos que empujan en una u otra dirección impidiendo miles de opciones y elecciones vitales?.

Sería maravilloso que la FBRM hablara con, por ejemplo, el Instituto de la Mujer de la Región de Murcia y organizara actividades para explicar que no existen deportes de niñas y deportes de niños, que el baloncesto es un bien común y que su práctica es deseable y necesaria, sin limitaciones, sin apriorismos, sin reproches por hacerlo mejor o peor. En otros lugares se han realizado campañas (Castilla-León) de este tipo, ¿por qué en nuestra Región no?.

jueves, 6 de mayo de 2010

Y ahora que te veo...


Eloy Sotelo escribió mentalmente el poema “y ahora que te veo” mientras cruzaba a nado el trecho del mar sereno que separaba las primeras barracas de Los Alcázares de la Isla Perdiguera. Las primeras claridades del día se reflejaban sobre un espejo de tonalidades verdosas, alguna barca dibujaba blancas estelas hacia Los Nietos, y las riberas eran entonces, y ahora, cálidas y acogedoras.
Al atardecer se sentó a la orilla del mar, entre chapinas y algas resecas por el sol y la sal, y deseó con toda su alma desnudar la belleza de la luna que se levantaba, como un círculo naranja perfecto e inmutable, por los escarpes italianos de Isla Grosa.

Y ahora que te veo,
no con estos ojos míos,
insensibles como lucernas
en lo alto del anhelo (de conocerte, de acariciarte),
te veo, blanca noche serena,
en el suspiro de la luciérnaga,
en la piel que se desprende de la carne
y asciende
(alas doradas sin dios)
hasta la última estrella
donde habita tu amplia mirada,
donde plañe lo Humano y sus ruinas.
alguna vez fuimos,
ahora no…
sólo silencio en los escarpes de tu ausencia.

Éste y otros poemas fueron encontrados meses después por la policía política soviética, en la maleta que Eloy Sotelo había confiado a Louis Tresset, un periodista francés que quedó encerrado, como el poeta guatemalteco, en el sitio de Leningrado. A diferencia de Sotelo, Tresset no intentó abandonar la ciudad por el camino de la vida del lago Lagoda pero su muerte fue, si se quiere, más trágica y mundana: falleció de hambre y frío entre las ruinas de un palacio del siglo XVIII, mientras las sombras de la noche lo despojaban de las botas y de toda la ropa que había calentado sus maltrechos huesos durante meses de infierno gélido. La gente de la Lubianka se hizo cargo de la maleta y de su contenido, y no fue hasta 1995 cuando fue entregada a las autoridades guatemaltecas, que decidieron hacer copias de las cartas de carácter íntimo para entregárselas a los descendientes, en la mayoría de los casos, de los autores o destinatarios de la correspondencia guardada en la maleta. De esta manera se enteró Irene Andreo, la madre de Lucía Sánchez, que la persona a la que había considerado toda su vida como padre, amigo y confidente, no lo era en realidad, y que era el resultado de una semana de idílica pasión en las leves riberas de un mar interior, entre recitales de poesía, lunas surgiendo del mar y blancas amanecidas entre brumas y deseos de eternidad.

miércoles, 5 de mayo de 2010

ganó el CB Murcia 94



La nieta de Eloy Sotelo tuvo que buscar en las profundas simas de sus recuerdos unos sentimientos similares a los sentidos en esa tarde de mayo. El CB Murcia 95 había naufragado en aguas procelosas, arrastrado por unos vientos huracanados que llevaban en volandas al CB Murcia 94 al título de campeón cadete masculino. Finalmente, encontró ese desasosiego, esa desesperanza, ese sentimiento de derrota en las páginas de “Vida y destino” de Vasili Grossman. Toda una sociedad hundida en las trampas del autoengaño, la delación y la mentira. Cuando Lucía Sánchez leyó la última página de una de las mejores novelas del Siglo XX, reflexionó sobre la esencia de un régimen capaz de hacer brotar de la pluma de un escritor la tragedia de una generación perdida sin remisión. Y pensó en su madre, Irene Andreo, y en como había descubierto que su verdadero padre había muerto en los hielos del Lagoda, creyendo que los caminos gélidos que cruzaba, con los pies ateridos y la escarcha blanqueando su cabello ensortijado, habían sido abiertos por brazos libres y comprometidos con el amor. Acaso, Eloy Sotelo murió contemplando la ventisca que barría la planicie, con los ojos bien abiertos, componiendo versos a dúo con su amigo Pablo Neruda o con Luis Cernuda. Acaso, aquella tarde de mayo se componía de paisajes y figuras efímeras, espejismos de un mal día que pronto sería olvido y sinsentido, pero los sentimientos de ese preciso momento, de esa milésima de segundo que te descubre las huellas de una derrota inexorable pudieran ser idénticas a las de un Iván Grigórievich escuchando a su primo mentirse a sí mismo. La nieta de Eloy Sotelo releyó a Grossman:



Rusia había visto muchas cosas en mil años de historia. Durante los años soviéticos el país había sido testigo de victorias militares mundiales, enormes construcciones, ciudades nuevas, presas que detenían el curso del Dniéper y el Volga y canales que unían los mares, la potencia de los tractores, de los rascacielos... La única cosa que Rusia no había visto en mil años era la libertad”.



Entonces, mientras hojeaba “Todo fluye” pensaba en “La araña negra” de Blasco Ibañez, en “las obras completas” de Valente y en el último estudio de Ángel Viñas, que descansaban alineados en la estantería por orden de lectura. En el comedor, algún canal de televisión retransmitía un partido de fútbol, de un equipo de La Meseta que iba a perder inexorablemente la liga, más allá, detrás de los jardines y de los edificios alguna pareja caminaba abrazada en la oscuridad ventosa de la noche, y más lejos aún, allende los mares y las cordilleras, la gente dormía atemorizada por la explosión de una bomba o por los derrapes de un coche de la policía secreta. Comparado con todo esto, un 42-78 nunca podría suponer más que un leve contratiempo, la constatación de que ganaron los mejores entre iguales, entre compañeros y cómplices, entre jugadores de un mismo equipo.

Ya en las escaleras del Palacio de los Deportes, nos reímos con Lloranda Gay, entre palabras entrecortadas y silencios de complicidad, porque en realidad, ¿para que sirve el baloncesto sino es para crear lazos de amistad y de complicidad?. Y aunque Lloranda es muy escéptica sobre el particular, las risas que nos echamos fue lo mejor de la tarde.

martes, 4 de mayo de 2010

Un día


Un día y la tierra es ya una cálida alfombra de esperanzas y deseos. Mañana juegan nuestros hijos cuartos de final, mientras tanto pasamos el tiempo observando las ráfagas de viento fresco que agitan las ramas de los árboles en un infinito susurro, que más parece la plenitud de la vida en constante movimiento que los secretos que nos transmite una naturaleza muerta, un bodegón de blancas texturas zurbarianas. Pensamos en las canastas de esparto de Eloy Sotelo, en su plácido paseo por los caminos del campo de Cartagena, en su llegada a la ribera del Mar Menor, a la base aérea de Los Alcázares, en sus largas miradas, que se prolongaban durante horas, a los islotes de la albufera buscando los pliegues de las colas de los peces en un espejo transparente, sereno, reflejo del alma de sus primeros pobladores. Allí, cerca de ese mar cercado por el hombre, de playas de falsa arena, de carrizales y de impresionantes lunas naranjas brotando como Venus de Boticelli de los pecios de las negras aguas del Mar Mayor, supimos en los estertores de la primavera de 2009 lo caprichoso que era a veces la trayectoria de una pelota de baloncesto.
Mañana juegan los nuestros: Eloy, Antonio, David (2), Aarón, Sergio, Alejandro, Vicente, Juan Antonio, Alberto y Álvaro, entrenados por Carmen Puigcerver. Y sólo deseamos que, con independencia del resultado, se diviertan, se sientan amigos y compañeros, proyecten nuevas veladas bajo los árboles nocturnos, vean pasar las nubes de occidente a oriente, sientan en sus rostros el viento de la vida, transmitan la alegría de pertenecer a una generación, a una tierra de moreras y aromas marinos, se sientan vivos, libres, dueños de sus propios destinos...
El sábado, después del partido de vuelta, nos iremos a comer. El aroma de los limoneros, de las higueras, de los frutales y de la mesa se entremezclarán con las conversaciones sobre baloncesto, sobre Eloy Sotelo y su muerte en tierras rusas, sobre la identidad de Lucía Sánchez y sobre el futuro escrito en las plácidas tardes del cercano estío.

lunes, 3 de mayo de 2010

Casa de muñecas



Hace algunos años leímos una obra de teatro escrita allá por 1880 por un escritor noruego, Henrik Ibsen. La obra se titulaba “Casa de Muñecas” y nos hablaba de las mujeres del Siglo XIX, al menos de las mujeres burguesas de los países escandinavos de aquella época: muñecas para los padres y muñecas para los maridos. Ciento treinta años después todavía hay gente que se extraña de que las mujeres seamos iguales que los hombres, que nuestras inquietudes sean similares a las suyas, que pensemos que existen desigualdades materiales incrustadas en el corazón de la convivencia social, como esos “micromachismos(*) de los que nos habla Luis Bonino Méndez. No nos resistimos a transcribir un fragmento del Acto III de la pieza de Ibsen:



“Nora-. ¿Qué consideras tú mis deberes sagrados?.

Helmer-. ¿Tengo para qué decírtelo?. Son tus deberes con tu marido y tus hijos.

Nora-. Tengo otros no menos sagrados.

Helmer-. No los tienes. ¿Cuáles son esos deberes?.

Nora-. Mis deberes conmigo misma.

Helmer-. Ante todo, eres esposa y madre.

Nora-. No creo ya en eso. Creo que, ante todo, soy un ser humano, igual que tú..., o, cuando menos, debo intentar serlo. Sé que la mayoría de los hombres te dará la razón, Torvaldo, y que están impresas en los libros ideas tales. Pero ya no puedo pararme a pensar en lo que dicen los hombres ni en lo que se imprime en los libros. Es menester que por mí misma opine sobre el particular, y que procure darme cuenta de todo”.



(*)- Luis Bonino: MIcromachismos:

Ejemplo de mocromachismo coercitivo:



“Uso expansivo-abusivo del espacio físico y del tiempo para sí.

Este grupo de Mm (mocrimachismos) se apoyan en la idea de que el espacio y el tiempo son posesión masculina, y que por lo tanto la mujer tiene pocos derechos a ellos. Por tanto su apoderamiento es natural y no se piensa en la negociación de espacios y ni de tareas comunes que llevan tiempo. Así, en cuanto al espacio en el ámbito hogareño, el varón invade con su ropa toda la casa, utiliza para su siesta el sillón del salón impidiendo el uso de ese espacio común, monopoliza el televisor u ocupa con las piernas todo el espacio inferior de la mesa cuando se sientan alrededor de ella, entre otras maniobras (Guillaumin, 1992). Y en cuanto al tiempo: el varón crea tiempo de descanso o diversión a costa de la sobrecarga laboral de la mujer (por ejemplo utilizar el fin de semana para “sus” aficiones, o postergar su llegada a casa luego del trabajo), evita donar tiempo para otros, o define como “impostergables” ciertas actividades que en realidad no lo son y que lo alejan del hogar. Como decía previamente, esto tiene como efecto que, en promedio los varones tengan más tiempo libre que los varones ( y a costa de ellas).



sábado, 1 de mayo de 2010

Faltan cuatro días: AD Infante Femenino, Augusto Monterroso y la espera


Esta mañana ha jugado el equipo de nuestra hija, el AD Infante, contra las intratables jugadoras del Básket Cartagena, en la categoría de minibasket femenino. Era una mañana calurosa, y aunque la brisa marina bajaba desde la Plaza Basterreche, y las gaviotas gravitaban en un cielo brumoso, amarillento en los pliegues del viento, el pabellón deportivo era un hornillo de gas. Parece que el Cartagena femenino será el equipo campeón de la categoría minibasket. Tiene potencia física, tiene técnica y tiene una magnífica cantera, a tenor de lo visto. No nos cabe duda tampoco, que este equipo de la ciudad portuaria tiene un futuro de éxitos y finales a cuatro en las categorías superiores. Nos preocupa, no obstante, el futuro del baloncesto femenino en nuestra región. Cada año hay menos equipos y menos jugadoras, y a las autoridades deportivas, las políticas y las federativas, parece importarles poco conceptos que hemos desgranado en este blog en los últimos tiempos. No seamos tampoco pesimistas: algo se mueve, acaso con una lentitud exasperante, en los estamentos deportivos, incluso ya se plantea modificar algún estatuto de club para incluir un lenguaje no tan sexista y un compromiso con la igualdad efectiva entre mujeres y hombres. Son los primeros pasos, necesarios sin duda.

Estamos a cuatro días del partido de ida entre el CB Murcia 95 y el CB Murcia 94. Con cierta desazón sufrimos la aparente ralentización del tiempo, también un adelgazamiento del espacio digamos intelectual. Cada vez más la poesía, la novela, el impresionismo, el cubismo como respuesta al nacimiento de la fotografía, la igualdad de género, la generación beat, el art pop, Vasili Grossman, los Turbin, Valente, Auden, Eloy Sotelo.... se alejan de nuestros pensamientos inmediatos, que son ocupados por estrategias, teorías, velocidad, altura, bloqueo, torres, triples, parqué, baloncesto cadete en definitiva.
No obstante, Augusto Monterroso ocupa el miedo al vacío nocturno con su “Movimiento Perpetuo”. Leemos:

“El fenómeno de la exportación de cerebros ha existido siempre, pero parece que en nuestros días empieza a ser considerado como un problema. Sin embargo, es un hecho bastante común, y suficientemente establecido por la experiencia universal, que todo cerebro que de veras vale la pena o se va por su cuenta, o se lo llevan, o alguien lo expulsa. En realidad lo primero es lo más usual; pero en cuanto un cerebro existe, se encuentra expuesto a beneficiarse con cualquiera de estos tres acontecimientos [….] La historia muestra en buena medida que la fuga de determinado cerebro beneficia mayormente al país que lo deja marcharse que su permanencia en éste. Joyce hizo más por la literatura irlandesa desde Suiza que desde Dublín; Marx fue más útil para los obreros alemanes desde Londres que desde su patria; es probable que si Martí no hubiera vivido en Estados Unidos y en otros países la revolución cubana no tendría en él a tan grande ideólogo; Andrés Bello transformó la gramática española desde Inglaterra; Rubén Darío hizo lo mismo con el verso español desde Francia; y no quisiera mencionar a Einstein, por lo de la bomba atómica”

Augusto Monterroso: “Movimiento Perpetuo”. Bibliotex, S.L., 2001. Pp. 35 y 37.

Podríamos añadir que algo de esto ocurrió con Ibn Arabí, un místico universal para el mundo musulmán, que se marchó de Murcia a los siete años, y viajó, entre otros lugares, por el Norte de Africa, por Jerusalén y La Meca, por Bagdad y Damasco. O a Eloy Sotelo aunque, es necesario decirlo, el actual desconocimiento de la obra poética y narrativa del intelectual guatemalteco es uno de los mayores sinsentidos de los albores del Siglo XXI. No nos cabe duda que poemas como “tu sonrisa en el paisaje” o “palpito I, II y III”, su novela “Tránsito por la vida y el mar” o sus “Memorias” alcanzarán más pronto que tarde el reconocimiento universal que se merecen. Su próxima traducción al inglés (Ramdon House ha comprado los derechos de edición para el mundo anglosajón) reparará una injusticia histórica para un escritor en lengua castellana que amó su idioma y la tierra de sus antepasados (sus abuelos maternos eran naturales de la localidad conquense de Santa María del Campo de Rus)

Cinco días



Quedan cinco días para el partido de ida entre el CB Murcia 94 y el CB Murcia 95. Cinco días permaneció Eloy Sotelo en Murcia, abarcando con su pluma todos los recovecos de la ciudad, comiendo con un tal Josip Broz en la Calle Rambla, observando la luz del sol proyectándose sobre el Imafronte de la Catedral a distintas horas del día, intentando rememorar los sentimientos de Claude Monet en Rouen o los trabajos de la naturaleza en las profundas selvas del crepúsculo maya.



”No parece, al menos las personas nacidas en Murcia no lo creen, que de una ciudad como la vuestra se pueda libar la miel de las abejas o el fruto de la vida. Pero sólo hay que extender una mano, a la altura de las luciérnagas imaginadas para sentir el pálpito de la luz y la ventura del azahar. ¡Probadlo en cualquier calle o plaza!, ¡extender la mano abierta, amiga de la naturaleza, y veréis la luz del sol curvarse hasta formar espirales de pasión!. ¡Mirad por encima de las terrazas y los tejados y sabréis que el cielo tiene vida propia, respira en todos los jardines, nutre a las plantas que alzan vuelos inconcebibles sobre sus propias raíces, se desprende en gotas de rocío sobre las hojas de los limoneros y los naranjas!”



Esto escribió Eloy Sotelo en sus Memorias, cuando ya Guatemala lo había enviado al destierro, y sólo le quedaba el recuerdo de inconexos paisajes europeos y africanos: La Mancha, Cataluña, Murcia, Perpiñán, Marsella, la travesía por el Mediterráneo, las arenas amargas de El Cairo... Sin embargo, a pesar de considerar El Cairo como su segunda patria urbana- allí vivió el año horrible de la anexión de Polonia, allí cimentó, mientras se deleitaba con las palmeras y los cocodrilos del Nilo, su reconocida anglofilia- nunca quiso amarla lo suficiente como para convertirla en centro de su prosa, mucho menos de su poesía. Sotelo sintió en sus pulmones el aire blanco que descendía de las sierras cercanas, abrió de nuevo las manos y, subiendo con respiración entrecortada las laderas de piedra dolida, contempló, como un poema de cuerpos entrelazados, el mar que teñía de azul el horizonte, más allá del cabezo solitario del campo de Cartagena (años más tarde Carmen Conde nos hablaría de ese mar interior, callado, sereno, habitado por las almas de generaciones de pescadores enredados en las algas y en las miradas saladas de los peces). Nunca las descripciones, ora desnudas ora barrocas, de El Cairo pudieron emocionar a sus lectores, y, aunque parezca extraño, cuando leemos sobre la desazón que sintió el escritor guatemalteco al cruzar las tierras que le llevaron desde Tarazona de La Mancha a Murcia y a Cartagena, olemos y palpamos la furia de las lluvias tropicales, la fuerza de la anaconda y la voluntad de supervivencia de los pueblos indígenas de América Central. Es extraño, pero Eloy Sotelo supo fundir un un amor eterno paisajes antagónicos, selva y desierto, inmenso océano y riachuelo de cañaverales y álamos, cordillera y escasa sierra, cálida albufera y lago de hielos invernales, Murcia, Leningrado, El Cairo, Barcelona, Ciudad de Guatemala...

Cinco días permaneció Eloy Sotelo en la ciudad del Segura, y por esta sola razón, Murcia merece ser amada y recordada.



“The stars are dead, the animals will not look:

We are left alone with our day, and the time is short and

History to the defeated

May saya Alas but cannot help or pardon”



Auden: Spain



“Han muerto las estrellas, los animales no harán por mirar.

Nos han dejado con nuestro día a solas, y el tiempo es breve, y

La Historia a los vencidos

Podrá decir los siento pero no puede ayudar ni perdonar”.



Auden: España



El lienzo es de Claude Monet, Catedral de Rouen.