Anda Jesús García embarcado en proyectos literarios personales y yo me pregunto por el destino de los poetas presencialistas que hacían del baloncesto poesía- o de su ausencia virtud-. ¿Qué fue de las noches blancas del Báltico, amigo Kadaré?,
¿y de las nieves eternas y del aullido del lobo?,
¿y de la luna que alguna vez creímos nuestra
y ahora es un astro estéril que apenas contemplamos en los plenilunios del estío?.
A lo lejos, el mar.
¿Y el Cantón de Cartagena?,
¿y las higueras a la orilla de la carretera?,
¿ y los amores perdidos entre el olor a pólvora y a utopía?.
¿Qué fue del mal y del nosotros?;
olvido.
Los poetas de la presencia
-que algunas veces aplaudieron y otras callaron-
son ahora ausencia y su poesía habla del silencio,
y su voz es un susurro apenas perceptible
en la hojarasca del otoño pasado.
Anda Jesús García embarcado en proyectos de ilusión
pero algo falta en el espacio que nos separa
del baloncesto.
Y no es la espuma del cielo,
ni las nubes del mar,
ni el viento que fluye como un torrente de sangre,
ni la sangre que nos hace doler
en los estiajes del alma.
Algo nos falta cuando miramos los graderíos
y solo vemos vacío en la mirada de los nuestros,
la llama que alguna vez dejó de iluminar el tiempo pasado
cuando los poetas presencialistas eran libres para escribir
y una paloma oscura surgía del Templo de los Elegidos.






