Y en el cielo, la luna es una espectadora privilegiada del devenir absurdo. Con sus lentes de aumento nos contempla y nos retrata como hormigas insignificantes, entre inmensos océanos y profundas quebradas abiertas con un cuchillo de estrellas. Lucía Sánchez
lunes, 2 de mayo de 2011
CB Murcia junior 79 Molina Basket junior 85
sábado, 30 de abril de 2011
Ha muerto Ernesto Sábato

Ha muerto Ernesto Sábato. Para algunos de nosotras, esa parte de nuestro corazón que conoció la barbarie y no se la calló. Ahora es eterno porque vive junto a nosotras, en la biblioteca del pasillo o en el libro de la mesita de noche, mientras miramos el techo y vemos las tinieblas en las que él se sumergió- cuando dejó de sonreír-.viernes, 29 de abril de 2011
Maneras de vivir el deporte...
Cuando escribo y opino (se puede escribir sin opinar y viceversa) intento aplicar una metodología que se resume en dos puntos:miércoles, 27 de abril de 2011
Entre la dosis y la sobredosis....
Entre la dosis (“Cántico” de Jorge Guillén) y la sobredosis (“Inés y la alegría” de Almudena Grandes) me llega el rumor de un partido de fútbol." Agua abajo,
con follaje incesante busca a su dios el árbol".
Jorge Guillén.
martes, 26 de abril de 2011
De nuestras fiestas y de las suyas
Hoy es el día del Bando de la Huerta, a decir de muchos la fiesta identitaria de una ciudad clara y abierta, que ha destruido su entorno de agua, tierra húmeda y melocotón pero mantiene en su memoria, como una foto fija que atormenta su presente, lo que fuimos y nunca volveremos a ser. Es como si cada 21 de enero guillotináramos en la Plaza de la Revolución a Luis XVI y María Antonieta, o no; es como si cada primavera convocáramos a nuestros ancestros para ridiculizar su vida, su lucha, la miseria de sus barracas y a las cabras hinchadas flotando en los remansos de la riada- y a algunos jóvenes, sin más futuro que sus brazos, que se fueron a las guerras coloniales por la sendica de Vicente Medina y nunca regresaron-.
Las fiestas identitarias son a veces el escenario de los fracasos colectivos. En ellas imaginamos quienes no fuimos, o no quisimos ser, o no nos dejaron ser y tejemos una mitología de dioses bondadosos y protectores de nuestros defectos, de rebaños de cabras tamborileando con sus pezuñas de oro alquímico el corazón de la ciudad, de borrachines que se tornan en príncipes orondos, de gallos, gallinos y otros gallináceos que surgen de la espesura luminosa de la noche mediterránea con un vaso de güisqui en una mano y un habano en la otra- ¡Aquí estoy, soy tu peor pesadilla!-.domingo, 24 de abril de 2011
Aunque el retorno sea tan incierto...
jueves, 21 de abril de 2011
Volvemos

Debe ser terrible, sí, saber que callar es hablar a un mundo que no existe, o que cree no existir, o que concede que el silencio es sinónimo de vacío físico y moral, como la sequedad de los campos, las amapolas soñando en las mesetas veladas o el imperativo de nuestros amos que juegan en extrañas islas a gobernarnos entre risas y bromas sangrantes.
El silencio en penumbra es también libertad de expresión, querido amigo. El silencio es, a veces, la palabra prestada a todas las personas que te rodean, el discurso de los demás que penetra en el bosque de tu imaginación, la contemplación en sordina de un mundo que se desmorona sin remisión sin que- Dios ha muerto, recordadlo- la silueta de un volcán en mitad de un océano de miradas turquesas y palmeras en forma de brazos, pueda evitarlo.
El baloncesto es ese volcán, pero el mundo se hunde irremisiblemente a tu alrededor aunque evites su mirada perdida, aunque pienses que hablando, gritando, gesticulando se puede retardar, o incluso evitar, la imperecedera tragedia. En algún sitio, escribió Vasili Grossman que “el mal permanece imperturbable desde que el mundo es mundo pero por doquier crece la bondad como se expande el grano de mostaza”. En otro sitio lo reproduje yo, pensando no en el mal sino en la capacidad de las personas de plantar palabras de amistad, también de odio o de despecho- no nos engañemos-, en los más profundos eriales del alma humana.
Plantar palabras en el arsénico, sembrar los campos inertes con bosques de palabras, de frases, de sentimientos en definitiva.
Las Horas Sitiadas nace con voluntad de crear poesía con la arena de la vida, grano a grano, luz a luz, oscuridad a oscuridad; también de hablar de baloncesto- más bien de todo lo que rodea a este deporte que no es, recordadlo, solo pistas, balones y pizarras. Es también el rayo de sol que penetra por el tragaluz de un pabellón, los paisajes y las nubes, el viento meciendo el espliego o la muralla que no nos deja ver otros mundos distintos, complejos, rebosantes de experiencias complementarias y de disensos enriquecedores.
Las Horas Sitiadas no nace con voluntad guerrera. La palabra es su espada; la noche estelada, su escudo; nuestros hijos e hijas, su excusa; la amistad, su brújula.
Bienvenidos, bienvenidas a este lugar de encuentro.
martes, 11 de enero de 2011
Adiós

Ayer recibí un texto de Eduardo Galeano enviado por un buen amigo. Dice así:
Deseos para este nuevo año
“Ojalá seamos dignos de la desesperada esperanza.
Ojalá podamos tener el coraje de estar solos y la valentía de arriesgarnos a estar juntos, porque de nada sirve un diente fuera de la boca, ni un dedo fuera de la mano.
Ojalá podamos ser desobedientes, cada vez que recibimos órdenes que humillan nuestra conciencia o violan nuestro sentido común.
Ojalá podamos ser tan porfiados para seguir creyendo, contra toda evidencia, que la condición humana vale la pena, porque hemos sido mal hechos, pero no estamos terminados.
Ojalá podamos ser capaces de seguir caminando los caminos del viento, a pesar de las caídas y las traiciones y las derrotas, porque la historia continúa, más allá de nosotros, y cuando ella dice adiós, está diciendo: hasta luego.
Ojalá podamos mantener viva la certeza de que es posible ser compatriota y contemporáneo de todo aquel que viva animado por la voluntad de justicia y la voluntad de belleza, nazca donde nazca y viva cuando viva, porque no tienen fronteras los mapas del alma ni del tiempo”.
Eduardo Galeano
Galeano es para mi un autor de culto desde que leí Las venas abiertas de América Latina, allá por los últimos ochenta, y lo seguirá siendo hasta que el último aliento abandone mi cuerpo. Espero que ese momento se atrase lo máximo posible.
Pero lo que si ha exhalado el último aliento es este blog, losquenoentedemosdebaloncesto, acaso de muerte natural, tal vez de desesperanza. No es que ya no crea en el baloncesto, no; casi con toda certeza, debo consultarlo con filósofos y pastores de la vida, he perdido la fe en mi misma.
El próximo día 15 de enero, coincidiendo con el cumpleaños del padre que perdí en el último tórrido estío, este blog se disipará, como la aurora boreal en los bosques de coníferas, en la Nube. Espero que quede algún rastro en este mundo virtual, algún recuerdo dulce...
Gracias, amigos y amigas por vuestra paciencia.
Hasta siempre.
viernes, 31 de diciembre de 2010
Los vikingos y nosotras (*)

Sorprende contemplar, hoy en día, las ruinas de Segóbriga, en el páramo conquense, en las alturas que dominan el valle del Záncara, con suaves colinas de pinos y esponjas de nieve en las umbrías. Observas desde las atalayas de la naturaleza una tierra vacía, algunos árboles de ribera al fondo, orlando con su verdor el cauce del río, y, a tus espaldas, imaginas, aunque no lo ves, las primeras casas de Saelices o la figura quebrada del Monasterio de Uclés. Allí construyeron los romanos una villa, importante sin duda si requerimos la atención de las ruinas arqueológicas, en medio de la meseta castellana, con bosques y agua, con calzadas y obras de ingeniería notables, con nieve en el profundo invierno y calor en los estiajes del estío. Y ahora, a mediados de 2012, produce escalofríos la soledad de estas tierras altas, lejos del mar, con paisajes cobrizos en otoño, blancos y oscuros en invierno, hermosos sueños para una imaginación callada, que busca el grito en el silencio, el graznido del cuervo en las quebradas o el susurro de la última hoja de los álamos cubriendo con su voz quejumbrosa la húmeda hojarasca del surco milenario.
Lejos, muy lejos, los puertos del Imperio, Cartagonova, el susurro de la brisa salada en los rostros de las gentes, el mar plácido, sereno, inquieto o travieso mientras los pecios duermen en los arrecifes o en los bosques de algas y arena, junto a los fantasmas del pasado, con sus ojos a ras del oleaje leve, oteando la tierra, los poblados de pescadores, las palmeras, el humo de las chimeneas y las colinas ondulándose a lo largo de la costa. Esclavos y romanos, amos y siervos...
la Historia es una dama que esconde misterios insondables en sus senos de sangre y lucha. Y si intentamos reconstruir el pasado buscando la equidistancia valorativa no podemos dejar de hurgar en las cicatrices de los siglos, algunas muy profundas, otras simples arañazos en la piel del tiempo. 2011 fue una año extraordinario. Nadie podía imaginar que aquel gigantesco hueco que se abrió en el jardín de San Esteban para construir un parking subterráneo albergara tantas sorpresas. Tampoco que muchos ciudadanos de Murcia defendieran la conservación de los yacimientos árabes que brotaban a la luz mediterránea desde un dulce sueño de raíces y tierra olorosa. Y aunque Al-Idrisi ya había descrito una ciudad floreciente a mediados del Siglo XII, la reanudación de las excavaciones nos trajeron nuevas exclamaciones de asombro y misterio. Los arqueólogos contratados, los especialistas medievales, los diletantes que nos acercábamos al jardín para observar la aparición de nuevos periodos históricos en la tierra removida, expertos internacionales llegados de universidades francesas, belgas y alemanas, no dejábamos de frotarnos los ojos cuando iban apareciendo restos arqueológicos en profundidades en las que, se pensaba, solo había agua, cieno y vetas de piedra.
Una mañana soleada de abril, mientras las gentes de Murcia se divertían en sus plazas y calles, y se acercaban a las barracas a comer arroz y habichuelas, paellas de conejo, minchirones, paparajotes vestidas de huertanas y huertanos, un arqueólogo danés, Jacob Vesaas, invitado a la excavación por la Universidad de Murcia, se arrodilló ante un nuevo hallazgo, miró al cielo y no pudo dejar de gritar al viento y al sol el nombre de todos los dioses de las sagas escandinavas. Tenía delante un fragmento muy deteriorado de la quilla de un drakkar funerario vikingo. Repasó mentalmente las largas tardes pasadas en el Museo de barcos vikingos de Oslo, sus investigaciones y estudios detallados de las características de los drakkar, pieza por pieza, milímetro a milímetro, sus publicaciones en revistas de historia especializadas en el mundo escandinavo y no dudó ni un instante de la datación y atribución del hallazgo, a pesar de la incredulidad de todos sus colegas de profesión- y de pasión-. Estaba seguro que pronto aparecerían restos humanos, enseres domésticos, piezas de oro, tejidos de lana... no podía ser de otra manera.
¡ Un barco vikingo en el subsuelo de la ciudad de Murcia!, ¡ junto al Palacio de San Esteban !.
Las investigaciones situaron el enterramiento del drakkar en la segunda mitad del Siglo IX, más precisamente en los años del saqueo de la ciudad de Orihuela (Uriwala) y sus alrededores. Se supone que el barco fue porteado aguas arriba de la desembocadura del Segura por los propios vikingos, en unos años en los que el río bajaba muy crecido por las lluvias abundantes de los años centrales del Siglo IX. Las razones que llevaron a los vikingos a elegir el lugar preciso del enterramiento es un misterio, tampoco los sufrimientos de una ciudad fundada pocos antes, en la que los invasores tuvieron que provocar forzosamente estragos sin que éstos aparezcan en ninguna fuente árabe o cristiana. Tampoco se sabe mucho de los poderes supuestamente mágicos de los drakkar funerarios aunque existe una amplia y diversa literatura no científica, más próxima a la parapsicología y a concepciones irracionalistas de la vida humana, que buscan el nexo de unión entre el mal absoluto y lugares malditos o maldecidos. En este sentido, se cree que enterramientos de personas o grupos humanos que han practicado el pillaje, el asesinato, el robo en todas sus formas emanan sentimientos negativos, incluso de emulación, que pueden afectar a posteriores pobladores de los alrededores de dichos enterramientos. Es, guardando las distancias, de lo que nos habla la literatura o el cine cuando enfocan sus diversos objetivos a mansiones o palacios diabólicos, nuevas edificaciones sobre cementerios poseídos por la maldad absoluta o lugares específicos donde se han producido asesinatos o actos violentos en masa. Tal vez sean meras especulaciones, pero algo debe de haber para que en plena crisis, a mediados de 2012, se haya decidido enajenar el Palacio de San Esteban trasladando la Sede de Gobierno a unas dependencias alejadas del yacimiento arqueológico del jardín del mismo nombre. Mientras tanto, las murcianas y murcianos no dejamos de asombrarnos con tanto descubrimiento.
(*)- Una explicación mágica, entre las muchas posibles, del saqueo de los derechos laborales de las y los empleados públicos de la Administración regional.
martes, 28 de diciembre de 2010
Feliz 2011. Solo hasta el 5/01/2011

Anoche recibimos un correo electrónico cuyo encabezamiento nos asombró por su extraordinaria claridad conceptual: “FELIZ 2011. Sólo hasta el 5/01/2011”. Lo firmaba El Corte Inglés y debemos decir que no lo abrimos para no romper el hechizo que envolvió la habitación con una luz áurea- para no romperlo y para no mirar más allá de esa fecha en el convencimiento que solo habría vacío y oscuridad-. La felicidad para los suministradores de bienes de consumo consiste en billetera, tarjetera y endeudamiento- este último privado porque del público es notorio y manifiesto que la responsabilidad recae en los y las empleadas públicas-. Precisamente el otro día Papa Noel, del que algún blog ha escrito que es un invento de la Coca Cola, le trajo a mi compañero un libro de Eduardo Punset en formato de bolsillo- para ahorrar- titulado El viaje a la felicidad. Las nuevas claves científicas, en el que se escriben cosas tales como que
“cuando se analiza la paradoja del declive de los niveles de felicidad (…) en un mundo en el que no cesa de aumentar el nivel de bienes y equipos producidos, se llega también a la conclusión de que la sociedad moderna ha invertido demasiado en frigoríficos, lavavajillas, coches, grúas, carreteras o equipos digitales y demasiado poco en valores intangibles como el compromiso con los demás o la felicidad”.
La felicidad es para mucha gente sinónimo de capacidad de compra y muchas veces nosotras hemos amanecido en el centro de ese laberinto del que solo se sale podando verticalmente los setos que lo conforman, en linea recta, buscando las suaves pendientes de un horizonte diáfano en sus escorzos renacentistas. La solidaridad es una palabra en franco declive sobre todo cuando albergamos la certeza de que la realidad ya no nos pertenece, al igual que la dulce cintura de América dejó de pertenecer en algún momento a sus habitantes si hacemos caso a Pablo Neruda. O si subidos a la espuma evanescente de la propia vida sentimos que lo que nos rodea nos es hostil o indiferente.
Queda la literatura, fundamentalmente, pero también la posibilidad de creer que circunstancias coyunturales pueden ser manantial de felicidad; como que nuestro hijo juegue al baloncesto y nosotras podamos seguirle en una geografía errática, única, hermosa- hoy en el País Vasco, mañana en las campiñas de Córdoba-, siguiendo el curso de ríos o las lineas suaves o abruptas de colinas y cadenas montañosas, silbando en la espesura del hayedo o siguiendo con la mirada- también con el tacto-, las ondulaciones de los olivos o de los almendros; o penetrando con el conocimiento en las calles historiadas de la Barcelona neocentista. Todo en este mundo puede ser coyuntural pero nosotras podemos transformarlo en eternidad y gozo, porque de la memoria manan todas las verdades irrefutables que nos dan el valor y la fuerza para seguir transitando por las sendas irreconocibles del futuro. El devenir de las y los ciudadanos, que alguna vez consideramos seguro y plácido en su recorrido, ya no se teje en los telares de la voluntad colectiva, pero todavía podemos hilvanar el nuestro en las humildes ruecas de nuestra voluntad individual. Somos libres para elegir lo sencillo, lo querido, un pequeño viaje, la contemplación del paisaje desde las almenas de un castillo derruido, el vuelo de los halcones o las águilas desde una peña rodeada de acebuches, la impregnación perpetua en nuestra retina de una puesta de sol en las tierras del sur, el apacible fluir de las aguas del Guadalquivir por la ciudad de Córdoba... somos libres o al menos creemos serlo.
La próxima semana parten nuestros hijos a tierras cordobesas, al Campeonato de España de Selecciones Autonómicas de Baloncesto. Nosotras llegaremos para Reyes pero un buen amigo, un cordobés de Carcabuey, nos ha trazado la ruta de la belleza, y ésta pasa por Zuheros y Priego de Córdoba. Veremos baloncesto y seremos libres, al menos durante unos pocos días, y podemos decir, contradiciendo a El Corte Inglés, que la felicidad no acaba el día 5 de enero, que se prolonga más allá de los cálculos mercantiles, mucho más allá de la voluntad maniatada por unos pocos que no ven más allá de su negación de la vida con mayúscula, “hasta el infinito y más allá”.
