lunes, 2 de mayo de 2011

CB Murcia junior 79 Molina Basket junior 85

El río bajó limpio aquel domingo por la mañana; siguiendo la senda de los bancales y de los cañaverales el talento de una generación se amansó, como el agua tempestuosa y fría de un torrente cuando llega a la llanura, en los meandros del CD La Flota y allí, gente nadando, gente gritando, gente tocando el tambor, animando entre el vapor de la mañana y el calor de la victoria deseada, el Molina Basket se consagró en los altares de la alegría porque estas finales regionales dan para eso, para el clamor, para la risa, para la diversión desbordada, para los festejos culinarios y el champán, cava o sidra derramada por las mesas, azahares y paisajes luminosos.

Ganó el Molina Basket en una mañana de cielos blanquecinos, en unas laderas de cemento, en un sermón de la montaña con los dioses abajo y los mortales arriba, sentados en las estériles piedras o de pie, mirando, gritando, sintiendo los colores propios, los corazones latiendo al unísono, la sangre filial y fluvial circulando por las venas, despeñándose por el cemento, por las bajantes pluviales, colándose por las canastas, impregnando el balón y la piel y el sudor de los nuestros…para eso son los nuestros, que descienden por las aguas del talento cristalino de aquellos que no escucharon, o no quisieron escuchar el canto de las sirenas que vivían en palacios y convertían el deseo en melancolía.

Gran partido: seriedad, talento, apoyo en los escarpes, una temperatura agradable, el cielo encapotado inundando con su blancura silenciosa las gradas de la cancha, nuestros hijos e hijas por allá, con sus amigos y amigas, animando y animándose, buscando oquedades para asomar la cabeza y ver alguna parte del campo, corriendo de aquí para allá, dame dos euros para un refresco…ayer se vio una afición de oro y diamantes, ayer vi a Holly Golightly entre la afición, ayer vi a poetas con el balón en la mano elaborando sonetos alejandrinos en el aire o taponando el verso libre con una rima ridícula en el mismo rostro del modernismo.

Ayer ganó el debate sobre la cantera y su formación. Tiempo al tiempo.

La fotografía pertenece a la web del equipo de Molina

sábado, 30 de abril de 2011

Ha muerto Ernesto Sábato

 Ha muerto Ernesto Sábato. Para algunos de nosotras, esa parte de nuestro corazón que conoció la barbarie y no se la calló. Ahora es eterno porque vive junto a nosotras, en la biblioteca del pasillo o en el libro de la mesita de noche, mientras miramos el techo y vemos las tinieblas en las que él se sumergió- cuando dejó de sonreír-.

Eterno Sábato, eterna nuestra desdicha.

viernes, 29 de abril de 2011

Maneras de vivir el deporte...

Cuando escribo y opino (se puede escribir sin opinar y viceversa) intento aplicar una metodología que se resume en dos puntos:

-Si discrepo con otra persona siempre presupongo (es una terapia enriquecedora) que los argumentos de otros son al menos tan respetables como los míos y que de la confrontación de pareceres pueden surgir ideas que enriquezcan el escenario discursivo. Debe ser una caricaturización de la dialéctica, ya se sabe, tesis, antítesis y síntesis.

- Que existe una alta probabilidad de que mis argumentos estén contaminados por mi corazón y que lo que describo, defiendo o pongo en tela de juicio no se corresponde con la realidad, incluida la realidad del otro, de la persona con la que mantengo un disenso, con aquella gente que me llama, por poner un ejemplo, tonta del bote o sectaria. Claro, se argumentará que el corazón crea una realidad elástica que abarcaría desde el delirium tremen hasta la negación de la posibilidad de cualquier verdad individual o colectiva.

Por lo tanto, no creo en nada, o no creo en nada que sea elaborado asocialmente ni en nada en lo que no participe una pluralidad de personas que elaboren socialmente una idea, un acto u organicen la realidad a partir de la interrelación mutua de sensaciones y sentimientos.

Vivimos una época de información masiva que es ofrecida a las personas en bruto. Atrás quedó la época de los monjes medievales, de la creación de la imprenta y de la educación de y para las élites. En la Nube se puede encontrar todo, absolutamente todo. No obstante, hay blogueros que parecen vivir en un monasterio, que pasean diariamente, probablemente al atardecer, por un claustro románico y que cultivan verduras en el huerto monacal, sin saber que, extramuros, hay también vida, pensamiento, pasión, lucha y, ¿por qué no?, muerte y sufrimiento. La historia que se nos cuenta es muchas veces falsa, aunque los que pudieran desmentirla murieron hace muchos siglos sin haber cogido entre sus dedos una pluma o haber pasado la mano por las miniaturas de un libro pre-Gutenberg. A veces no creemos el centro del Universo sin comprender que éste tiene miles de millones de centros en los que late un corazón, una idea, un sueño o una frustración, que permanecen en la oscuridad, en silencio, oyendo las voces de unos pocos mientras se ríen, lloran, discrepan o asienten.

Es maravilloso que la gente, yo lo hago, se asome a la Nube y abra su corazón a un mundo en realidad desconocido, dejando suspendidas en las gotas de agua, en los cristales de hielo, un guiño, una opinión, una discrepancia o una sonrisa.

El próximo domingo, a las 10,30 horas juega el CB Murcia 96 y el Canow Caravaca. Allí estaré y espero hablar del partido, del sol, de Carmen y también de la gente que llega del noroeste con percepciones diametralmente opuestas a la mía. Pero seguramente me maravillará cualquier detalle que pase desapercibido. Por ejemplo, en el partido del CB Murcia 95 con el Canow Cehegín, en la capital, me sorprendió, y me encantó, ver a una ceheginera sola en la grada, con un libro entreabierto, creo que de Rosa Montero, leyendo y, sin duda, disfrutando de la lectura, sobremanera cuando recordé la tarde anterior, el tambor del martes santo y la insoportable bocina que estuvo tronando la mitad del partido. Pero no lo critico, son maneras de vivir el deporte.

miércoles, 27 de abril de 2011

Entre la dosis y la sobredosis....

Entre la dosis (“Cántico” de Jorge Guillén) y la sobredosis (“Inés y la alegría” de Almudena Grandes) me llega el rumor de un partido de fútbol.


 Las paredes de ahora son de papel, ¡pero que bonito resulta a veces el beatus ille, la vida retirada…!



"     Agua abajo,
con follaje incesante busca a su dios el árbol".


Jorge Guillén.

martes, 26 de abril de 2011

De nuestras fiestas y de las suyas

Hoy es el día del Bando de la Huerta, a decir de muchos la fiesta identitaria de una ciudad clara y abierta, que ha destruido su entorno de agua, tierra húmeda y melocotón pero mantiene en su memoria, como una foto fija que atormenta su presente, lo que fuimos y nunca volveremos a ser. Es como si cada 21 de enero guillotináramos en la Plaza de la Revolución a Luis XVI y María Antonieta, o no; es como si cada primavera convocáramos a nuestros ancestros para ridiculizar su vida, su lucha, la miseria de sus barracas y a las cabras hinchadas flotando en los remansos de la riada- y a algunos jóvenes, sin más futuro que sus brazos, que se fueron a las guerras coloniales por la sendica de Vicente Medina y nunca regresaron-.
La historia de las ciudad y su entorno no es la caricaturización del pasado, los bueyes en medio de la Gran Vía, el estiércol y las esparteñas, los vocablos con los que alguna vez nos acariciaron nuestras abuelas o el carril encharcado con la sierra emboriada al fondo. La historia de la ciudad y su huerta es el relato del progreso pero también del sufrimiento, de la espantosa mortalidad infantil, del analfabetismo y de las epidemias que diezmaban la población periódicamente.
Y ahora, mientras reconstruimos un pasado falso, destruimos el futuro con vanas ilusiones, con miradas rencorosas por encima de montañas, ríos y mares, con supuestas bondades intrínsecas e irrefutables maldades foráneas arrastradas por los vientos de Babel y de su torre. Así somos, como casi todos los pueblos que derraman lágrimas en la arena milenaria de la identidad y apartan de sus dunas los granos negros, irregulares, distintos y distantes.


Las fiestas identitarias son a veces el escenario de los fracasos colectivos. En ellas imaginamos quienes no fuimos, o no quisimos ser, o no nos dejaron ser y tejemos una mitología de dioses bondadosos y protectores de nuestros defectos, de rebaños de cabras tamborileando con sus pezuñas de oro alquímico el corazón de la ciudad, de borrachines que se tornan en príncipes orondos, de gallos, gallinos y otros gallináceos que surgen de la espesura luminosa de la noche mediterránea con un vaso de güisqui en una mano y un habano en la otra- ¡Aquí estoy, soy tu peor pesadilla!-.
Las fiestas son también excusa propicia para frivolizar en la Nube, para acusar a alguna entrenadora de todos los males endémicos, de reciente adquisición y futuros, del baloncesto regional y de su labor pedagógica y de hablar de un supuesto “factor fiestas” como favorable a la estrategia del CB Murcia 96. ¡Cómo si el Entierro de la Sardina fuera un acicate para las huestes murcianas!, ¡cómo si en el espejo en el que nos reflejamos muchas murcianas no surgiera, como una tarántula suspendida sobre la perpendicular de nuestros lechos, la imagen machista y elitista de una fiesta anclada en la noche de las pesadillas de La Restauración!. Cierto que no conozco demasiado los Caballos del Vino, pero desde Caravaca nos llega la brisa fresca del desconocimiento de una fiesta de señoritos. ¿De verdad que no sabéis que el 30 de abril por la noche se realiza en Murcia un desfile llamado El Entierro de la Sardina?. Si esto es así no puedo sino manifestar mis simpatías por aquellas tierras del noroeste en las que se alzan los pueblos más bellos de esta tierra nuestra.

domingo, 24 de abril de 2011

Aunque el retorno sea tan incierto...

No sé hasta que punto los vientos llegan henchidos de pasión, esa enfermedad que nos traspasa el corazón con el amargo sabor de la verdad revelada. La Semana Santa fenece entre nubarrones, humedad y vacío en los días que se hinchan como esponjas secadas al sol en los vientres de las cárcavas y de los abejarucos. Enemigos en tierra propia, desterrados tras las puertas enrejadas de nuestra impropia dignidad. Miradas perdidas, extrañas, riachuelos que se desbravan en el musgo y en la roca desnuda, callada, expectante- ¡cuánta agua blanca ha visto el canto rodado ennegrecerse en el amansamiento de las pozas!-, silencio entre las lenguas vernáculas de la naturaleza, a ras del acebuche y de la telaraña que lo adormece con su tensa seda.
No creo en la Semana Santa, no creo en el sacrificio de la carne que todo lo enturbia, tampoco en la inmolación de los sentimientos en ese cruce de caminos que se ramifica en cada esquina de la blogosfera, creando malestar, orgullo sajado por la distancia, nubes que se precipitan como cascadas de sueños radiactivos en cada latido de nuestros corazones.
Somos el pueblo del baloncesto, y a veces pienso que cuarenta años de errancia (“Retira tus Barrotes, Muerte / Deja entrar los Rebaños agotados/ cuyos balidos dejan de repetirse/ cuya errancia acabó / Tuya es la noche más serena/ Tuyo el Redil seguro”(*)) no son suficientes para reconocer la amistad, tampoco el sereno hogar en el que reímos y soñamos. No sé a quién dirigir mis palabras, las ideas que las hilvanan con el hilo de la preocupación, las carreteras que separan con sus dos carriles en cada sentido, los olmos de alquitrán- y sus hojas de lejía- que impiden el paso con su versos satánicos, el día negro de los castillos daneses… no hay voces para tanto vendaval, todavía las hojas del invierno se arremolinan en los parterres de césped artificial.
A lo lejos, más allá de las suaves líneas de las sierras que observan ventosas el discurrir domesticado de los ríos, está el mar, y los brumos de algas en los acantilados, y la historia milenaria cincelada en el mármol, y el olor a salitre, y ciertos rubores que oran callan ora claman en el desierto del Sinaí, mientras las palmeras y los oasis se clavan a la arena con uñas de diamante, y un equipo, el CBC 95, que se adormece en la cresta de la ola de lavanda. Tiempos de mudanzas, tiempos de creer.
Porque si hemos de creer en el presente, el CBC 95 no estará en la final a cuatro – así lo predican los expertos-, pero si nuestras creencias no tienen raíces terrenales, y sí mágicas, y este blog bebe de la magia y no de la prosa prusiana, tenemos pendiente una comida poética a la orilla de cualquier mar, colina o pinar alejado, junto a un libro de Guillén, de Gil de Biedma, de Hierro o de la misma Odisea en eterno retorno a la tierra de nuestros ideales, a la Ítaca abandonada al huracán de los mercados y de las realidades prostituidas.
¿No es así, Jesús?.

(*)- Emily Dickinson.

jueves, 21 de abril de 2011

Volvemos


Debe ser terrible creer que Dios no ha muerto y, contra toda evidencia humana, que los milagros son posibles. Luces de las noches de invierno, que nos guían de la mano entre el silencio y las esquivas y escalofriantes miradas de los gatos –blancos, negros, azules, ¿qué importa si el futuro es tuyo y el dolor eternamente mío?-.
Debe ser terrible, sí, saber que callar es hablar a un mundo que no existe, o que cree no existir, o que concede que el silencio es sinónimo de vacío físico y moral, como la sequedad de los campos, las amapolas soñando en las mesetas veladas o el imperativo de nuestros amos que juegan en extrañas islas a gobernarnos entre risas y bromas sangrantes.
El silencio en penumbra es también libertad de expresión, querido amigo. El silencio es, a veces, la palabra prestada a todas las personas que te rodean, el discurso de los demás que penetra en el bosque de tu imaginación, la contemplación en sordina de un mundo que se desmorona sin remisión sin que- Dios ha muerto, recordadlo- la silueta de un volcán en mitad de un océano de miradas turquesas y palmeras en forma de brazos, pueda evitarlo.
El baloncesto es ese volcán, pero el mundo se hunde irremisiblemente a tu alrededor aunque evites su mirada perdida, aunque pienses que hablando, gritando, gesticulando se puede retardar, o incluso evitar, la imperecedera tragedia. En algún sitio, escribió Vasili Grossman que “el mal permanece imperturbable desde que el mundo es mundo pero por doquier crece la bondad como se expande el grano de mostaza”. En otro sitio lo reproduje yo, pensando no en el mal sino en la capacidad de las personas de plantar palabras de amistad, también de odio o de despecho- no nos engañemos-, en los más profundos eriales del alma humana.
Plantar palabras en el arsénico, sembrar los campos inertes con bosques de palabras, de frases, de sentimientos en definitiva.
Las Horas Sitiadas nace con voluntad de crear poesía con la arena de la vida, grano a grano, luz a luz, oscuridad a oscuridad; también de hablar de baloncesto- más bien de todo lo que rodea a este deporte que no es, recordadlo, solo pistas, balones y pizarras. Es también el rayo de sol que penetra por el tragaluz de un pabellón, los paisajes y las nubes, el viento meciendo el espliego o la muralla que no nos deja ver otros mundos distintos, complejos, rebosantes de experiencias complementarias y de disensos enriquecedores.
Las Horas Sitiadas no nace con voluntad guerrera. La palabra es su espada; la noche estelada, su escudo; nuestros hijos e hijas, su excusa; la amistad, su brújula.
Bienvenidos, bienvenidas a este lugar de encuentro.

martes, 11 de enero de 2011

Adiós


Ayer recibí un texto de Eduardo Galeano enviado por un buen amigo. Dice así:


Deseos para este nuevo año

“Ojalá seamos dignos de la desesperada esperanza.

Ojalá podamos tener el coraje de estar solos y la valentía de arriesgarnos a estar juntos, porque de nada sirve un diente fuera de la boca, ni un dedo fuera de la mano.

Ojalá podamos ser desobedientes, cada vez que recibimos órdenes que humillan nuestra conciencia o violan nuestro sentido común.

Ojalá podamos ser tan porfiados para seguir creyendo, contra toda evidencia, que la condición humana vale la pena, porque hemos sido mal hechos, pero no estamos terminados.

Ojalá podamos ser capaces de seguir caminando los caminos del viento, a pesar de las caídas y las traiciones y las derrotas, porque la historia continúa, más allá de nosotros, y cuando ella dice adiós, está diciendo: hasta luego.

Ojalá podamos mantener viva la certeza de que es posible ser compatriota y contemporáneo de todo aquel que viva animado por la voluntad de justicia y la voluntad de belleza, nazca donde nazca y viva cuando viva, porque no tienen fronteras los mapas del alma ni del tiempo”.

Eduardo Galeano



Galeano es para mi un autor de culto desde que leí Las venas abiertas de América Latina, allá por los últimos ochenta, y lo seguirá siendo hasta que el último aliento abandone mi cuerpo. Espero que ese momento se atrase lo máximo posible.

Pero lo que si ha exhalado el último aliento es este blog, losquenoentedemosdebaloncesto, acaso de muerte natural, tal vez de desesperanza. No es que ya no crea en el baloncesto, no; casi con toda certeza, debo consultarlo con filósofos y pastores de la vida, he perdido la fe en mi misma.

El próximo día 15 de enero, coincidiendo con el cumpleaños del padre que perdí en el último tórrido estío, este blog se disipará, como la aurora boreal en los bosques de coníferas, en la Nube. Espero que quede algún rastro en este mundo virtual, algún recuerdo dulce...

Gracias, amigos y amigas por vuestra paciencia.

Hasta siempre.


viernes, 31 de diciembre de 2010

Los vikingos y nosotras (*)


Sorprende contemplar, hoy en día, las ruinas de Segóbriga, en el páramo conquense, en las alturas que dominan el valle del Záncara, con suaves colinas de pinos y esponjas de nieve en las umbrías. Observas desde las atalayas de la naturaleza una tierra vacía, algunos árboles de ribera al fondo, orlando con su verdor el cauce del río, y, a tus espaldas, imaginas, aunque no lo ves, las primeras casas de Saelices o la figura quebrada del Monasterio de Uclés. Allí construyeron los romanos una villa, importante sin duda si requerimos la atención de las ruinas arqueológicas, en medio de la meseta castellana, con bosques y agua, con calzadas y obras de ingeniería notables, con nieve en el profundo invierno y calor en los estiajes del estío. Y ahora, a mediados de 2012, produce escalofríos la soledad de estas tierras altas, lejos del mar, con paisajes cobrizos en otoño, blancos y oscuros en invierno, hermosos sueños para una imaginación callada, que busca el grito en el silencio, el graznido del cuervo en las quebradas o el susurro de la última hoja de los álamos cubriendo con su voz quejumbrosa la húmeda hojarasca del surco milenario.

Lejos, muy lejos, los puertos del Imperio, Cartagonova, el susurro de la brisa salada en los rostros de las gentes, el mar plácido, sereno, inquieto o travieso mientras los pecios duermen en los arrecifes o en los bosques de algas y arena, junto a los fantasmas del pasado, con sus ojos a ras del oleaje leve, oteando la tierra, los poblados de pescadores, las palmeras, el humo de las chimeneas y las colinas ondulándose a lo largo de la costa. Esclavos y romanos, amos y siervos...

la Historia es una dama que esconde misterios insondables en sus senos de sangre y lucha. Y si intentamos reconstruir el pasado buscando la equidistancia valorativa no podemos dejar de hurgar en las cicatrices de los siglos, algunas muy profundas, otras simples arañazos en la piel del tiempo. 2011 fue una año extraordinario. Nadie podía imaginar que aquel gigantesco hueco que se abrió en el jardín de San Esteban para construir un parking subterráneo albergara tantas sorpresas. Tampoco que muchos ciudadanos de Murcia defendieran la conservación de los yacimientos árabes que brotaban a la luz mediterránea desde un dulce sueño de raíces y tierra olorosa. Y aunque Al-Idrisi ya había descrito una ciudad floreciente a mediados del Siglo XII, la reanudación de las excavaciones nos trajeron nuevas exclamaciones de asombro y misterio. Los arqueólogos contratados, los especialistas medievales, los diletantes que nos acercábamos al jardín para observar la aparición de nuevos periodos históricos en la tierra removida, expertos internacionales llegados de universidades francesas, belgas y alemanas, no dejábamos de frotarnos los ojos cuando iban apareciendo restos arqueológicos en profundidades en las que, se pensaba, solo había agua, cieno y vetas de piedra.

Una mañana soleada de abril, mientras las gentes de Murcia se divertían en sus plazas y calles, y se acercaban a las barracas a comer arroz y habichuelas, paellas de conejo, minchirones, paparajotes vestidas de huertanas y huertanos, un arqueólogo danés, Jacob Vesaas, invitado a la excavación por la Universidad de Murcia, se arrodilló ante un nuevo hallazgo, miró al cielo y no pudo dejar de gritar al viento y al sol el nombre de todos los dioses de las sagas escandinavas. Tenía delante un fragmento muy deteriorado de la quilla de un drakkar funerario vikingo. Repasó mentalmente las largas tardes pasadas en el Museo de barcos vikingos de Oslo, sus investigaciones y estudios detallados de las características de los drakkar, pieza por pieza, milímetro a milímetro, sus publicaciones en revistas de historia especializadas en el mundo escandinavo y no dudó ni un instante de la datación y atribución del hallazgo, a pesar de la incredulidad de todos sus colegas de profesión- y de pasión-. Estaba seguro que pronto aparecerían restos humanos, enseres domésticos, piezas de oro, tejidos de lana... no podía ser de otra manera.

¡ Un barco vikingo en el subsuelo de la ciudad de Murcia!, ¡ junto al Palacio de San Esteban !.

Las investigaciones situaron el enterramiento del drakkar en la segunda mitad del Siglo IX, más precisamente en los años del saqueo de la ciudad de Orihuela (Uriwala) y sus alrededores. Se supone que el barco fue porteado aguas arriba de la desembocadura del Segura por los propios vikingos, en unos años en los que el río bajaba muy crecido por las lluvias abundantes de los años centrales del Siglo IX. Las razones que llevaron a los vikingos a elegir el lugar preciso del enterramiento es un misterio, tampoco los sufrimientos de una ciudad fundada pocos antes, en la que los invasores tuvieron que provocar forzosamente estragos sin que éstos aparezcan en ninguna fuente árabe o cristiana. Tampoco se sabe mucho de los poderes supuestamente mágicos de los drakkar funerarios aunque existe una amplia y diversa literatura no científica, más próxima a la parapsicología y a concepciones irracionalistas de la vida humana, que buscan el nexo de unión entre el mal absoluto y lugares malditos o maldecidos. En este sentido, se cree que enterramientos de personas o grupos humanos que han practicado el pillaje, el asesinato, el robo en todas sus formas emanan sentimientos negativos, incluso de emulación, que pueden afectar a posteriores pobladores de los alrededores de dichos enterramientos. Es, guardando las distancias, de lo que nos habla la literatura o el cine cuando enfocan sus diversos objetivos a mansiones o palacios diabólicos, nuevas edificaciones sobre cementerios poseídos por la maldad absoluta o lugares específicos donde se han producido asesinatos o actos violentos en masa. Tal vez sean meras especulaciones, pero algo debe de haber para que en plena crisis, a mediados de 2012, se haya decidido enajenar el Palacio de San Esteban trasladando la Sede de Gobierno a unas dependencias alejadas del yacimiento arqueológico del jardín del mismo nombre. Mientras tanto, las murcianas y murcianos no dejamos de asombrarnos con tanto descubrimiento.


(*)- Una explicación mágica, entre las muchas posibles, del saqueo de los derechos laborales de las y los empleados públicos de la Administración regional.


martes, 28 de diciembre de 2010

Feliz 2011. Solo hasta el 5/01/2011


Anoche recibimos un correo electrónico cuyo encabezamiento nos asombró por su extraordinaria claridad conceptual: “FELIZ 2011. Sólo hasta el 5/01/2011”. Lo firmaba El Corte Inglés y debemos decir que no lo abrimos para no romper el hechizo que envolvió la habitación con una luz áurea- para no romperlo y para no mirar más allá de esa fecha en el convencimiento que solo habría vacío y oscuridad-. La felicidad para los suministradores de bienes de consumo consiste en billetera, tarjetera y endeudamiento- este último privado porque del público es notorio y manifiesto que la responsabilidad recae en los y las empleadas públicas-. Precisamente el otro día Papa Noel, del que algún blog ha escrito que es un invento de la Coca Cola, le trajo a mi compañero un libro de Eduardo Punset en formato de bolsillo- para ahorrar- titulado El viaje a la felicidad. Las nuevas claves científicas, en el que se escriben cosas tales como que

“cuando se analiza la paradoja del declive de los niveles de felicidad (…) en un mundo en el que no cesa de aumentar el nivel de bienes y equipos producidos, se llega también a la conclusión de que la sociedad moderna ha invertido demasiado en frigoríficos, lavavajillas, coches, grúas, carreteras o equipos digitales y demasiado poco en valores intangibles como el compromiso con los demás o la felicidad”.

La felicidad es para mucha gente sinónimo de capacidad de compra y muchas veces nosotras hemos amanecido en el centro de ese laberinto del que solo se sale podando verticalmente los setos que lo conforman, en linea recta, buscando las suaves pendientes de un horizonte diáfano en sus escorzos renacentistas. La solidaridad es una palabra en franco declive sobre todo cuando albergamos la certeza de que la realidad ya no nos pertenece, al igual que la dulce cintura de América dejó de pertenecer en algún momento a sus habitantes si hacemos caso a Pablo Neruda. O si subidos a la espuma evanescente de la propia vida sentimos que lo que nos rodea nos es hostil o indiferente.

Queda la literatura, fundamentalmente, pero también la posibilidad de creer que circunstancias coyunturales pueden ser manantial de felicidad; como que nuestro hijo juegue al baloncesto y nosotras podamos seguirle en una geografía errática, única, hermosa- hoy en el País Vasco, mañana en las campiñas de Córdoba-, siguiendo el curso de ríos o las lineas suaves o abruptas de colinas y cadenas montañosas, silbando en la espesura del hayedo o siguiendo con la mirada- también con el tacto-, las ondulaciones de los olivos o de los almendros; o penetrando con el conocimiento en las calles historiadas de la Barcelona neocentista. Todo en este mundo puede ser coyuntural pero nosotras podemos transformarlo en eternidad y gozo, porque de la memoria manan todas las verdades irrefutables que nos dan el valor y la fuerza para seguir transitando por las sendas irreconocibles del futuro. El devenir de las y los ciudadanos, que alguna vez consideramos seguro y plácido en su recorrido, ya no se teje en los telares de la voluntad colectiva, pero todavía podemos hilvanar el nuestro en las humildes ruecas de nuestra voluntad individual. Somos libres para elegir lo sencillo, lo querido, un pequeño viaje, la contemplación del paisaje desde las almenas de un castillo derruido, el vuelo de los halcones o las águilas desde una peña rodeada de acebuches, la impregnación perpetua en nuestra retina de una puesta de sol en las tierras del sur, el apacible fluir de las aguas del Guadalquivir por la ciudad de Córdoba... somos libres o al menos creemos serlo.

La próxima semana parten nuestros hijos a tierras cordobesas, al Campeonato de España de Selecciones Autonómicas de Baloncesto. Nosotras llegaremos para Reyes pero un buen amigo, un cordobés de Carcabuey, nos ha trazado la ruta de la belleza, y ésta pasa por Zuheros y Priego de Córdoba. Veremos baloncesto y seremos libres, al menos durante unos pocos días, y podemos decir, contradiciendo a El Corte Inglés, que la felicidad no acaba el día 5 de enero, que se prolonga más allá de los cálculos mercantiles, mucho más allá de la voluntad maniatada por unos pocos que no ven más allá de su negación de la vida con mayúscula, “hasta el infinito y más allá”.