martes, 30 de marzo de 2010

Por tierras de Almeria


-Pero, ¿de verdad te ha gustado Cabo de Gata?, ¿ de verdad te ha gustado?.
Las palabras son como las cenizas esparcidas por el viento del atardecer: se ocultan rápidamente de las miradas, de los susurros de las pitas, de la arena que se mueve como agujas de sueños y se acumula en los matorrales de las salinas. Por aquellas tierras anduvo Juan Goytisolo allá por los últimos años de la década de los cincuenta, y se enamoró de los Campos de Níjar como ahora nosotras lo hacemos mientras bajamos las empinadas pendientes que llevan al Valle de Rodalquilar. Poco antes una sombra de ave se ha proyectado sobre la carretera como una nube diminuta empujada por el ciento que remueve las profundidades del mar y levanta nubes de espuma sobre el rocío de las rocas de los acantilados. Hay montañas de nopales, pitas, filas de eucaliptos en el horizonte, aloe vera, esparto, casas blancas con terrados, playas abiertas, calas allá abajo, ocultas a la mirada y a las precauciones de mucha gente. La carretera te embauca en los recodos, te lleva con sus lenguas de alquitrán a los horizontes que despliegan sus alas multicolores bajo un cielo amarillo con nubes colgadas sobre las montañas. Te asomas a los ventanales sobre el mar, ves la espuma y las olas rompiendo sobre las rocas, y los cantos rodados en Las Negras, ves ese paisaje, a las ovejas paciendo en sus laderas, miras el horizonte del mar en la neblina de la tarde, percibes que aquel paisaje es también humano, que generaciones y generaciones de almerienses la han intentado domeñar pacíficamente con sus aperos y sus costumbres, y comprendes que se puede convivir con la naturaleza, que hombre y naturaleza pueden convivir y respetarse mutuamente. Hasta que llegas a San José
Hasta que llegas a San José… y entonces recuerdas que podemos darle la vuelta a un paisaje como se hace con un calcetín, que puedes construir colinas escalonadas de ladrillo blanco y desbrozar las sendas que ocultan las golas. Entonces, prefieres mirar el mar, perderte en las ondas que se espacian armoniosamente en los horizontes azules, porque detrás, en las montañas cercanas crecen paisajes artificiales.
Volvemos a Retamar. Hemos viajado a Almería para ver jugar a nuestros hijos en un campeonato mal organizado. Hoy martes, un árbitro ha expulsado a un entrenador y él mismo se ha marchado suspendiendo el partido. Nunca habíamos visto algo semejante. En todo lo demás, los Cb Murcia junior, cadete e infantil se están imponiendo en los partidos. Los cadetes han ganado sus dos partidos: Adaba 42 CB Murcia 51, y CB Murcia 51 El Ejido 43. Mañana miércoles se celebrará la última jornada. Y volveremos a nuestra tierra, acaso empujados por los vientos que han soplado en estos días de Semana Santa.

jueves, 18 de marzo de 2010

La agresión no es solución



El 17 de marzo asistimos a la I Jornada “La agresión no es solución” en el Archivo Regional de Murcia, organizada por las organizaciones sindicales ANPE y SATSE. Nos encantó la intervención de Carmen Guaita, una lección de preparación, análisis y filosofía alemana. Citó a Jürgen Habermas de la Escuela de Francfort, a Kant y a Martin Heidegger. Se notó la formación filosófica de la responsable del ANPE, y tenemos que decir que, pese a la extraña adhesión de Heidegger al nazismo, nos sentimos a gusto con los tres filósofos. De Kant nos quedamos con la idea de que “los hombres somos insociablemente sociables”, que nuestras relaciones son necesariamente conflictuales, y que el conflicto implica debate entre iguales. Añadiríamos que el disenso es deseable para cualquier sociedad u organización, alejándonos de ese pensamiento del exterminio, del despojo de los otros que tanto éxito tuvo en el siglo de los totalitarismos.

De la filosofía especulativa alemana pasamos, prácticamente sin transición, al método experimental anglosajón de la mano de un responsable nacional del SATSE. Nos gustó menos, tal vez por su descuida utilización de las herramientas estadísticas, tal vez porque finalizó su intervención afirmando que la ética se había perdido en la sociedad actual. Esa malo afirmar que cualquier tiempo pasado fue mejor porque, con independencia de las percepciones sociales actuales o pasadas, siempre analizadas subjetivamente, es mentira. Ningún tiempo pasado fue mejor ni en nuestro país, ni en Europa, ni en ningún sitio. Es más los ámbitos de libertad se han ampliado, los de represión han disminuido. También es discutible afirmar que el igualitarismo, sin adjetivos calificativos es responsable de tal o cuál desaguisado actual. Sociedades igualitarias son las escandinavas, y nadie afirma que su sistema sanitario o educativo sea una selva en la que las agresiones de cualquier tipo sean moneda corriente. Pero bueno, a veces es necesario dibujar los contornos nítidos del objeto debatido para evitar imprecisiones que conlleven desacuerdos, aunque sólo sean meramente formales.

Nos hubiera gustado que la Jornada hubiera sido diseñada con una mayor precisión de “genero”. Por ejemplo, hablar de “enfermeros” cuando el 90% de las personas que trabajan en esta profesión son mujeres, o no dar por sobreentendido la impronta que tiene la desigualdad de género sobre las agresiones en el ámbito sanitario o educativo.

Creemos, para finalizar, que al menos en el ámbito educativo debería ser prioritario organizar actividades que alejen a las personas jóvenes de actitudes o actividades no deseables, por ejemplo el baloncesto, por ejemplo el deporte en general.

domingo, 7 de marzo de 2010

El CB Murcia se va a pique



La vida debería ser vivida provisionalmente, tanteando el error y el acierto en los ojos de la alegría. El Cb Murcia se va a pique y con él se van, como bandadas de negras golondrinas, las sonrisas que esbozamos en el plenilunio de verano pasado, rizadas ondulaciones en nuestros (murcianos) pesimismos deportivos. Pronto se irán también las lluvias, el viento y las largas nubes del horizonte caído. Pero quizá sea incluso deseable que un equipo baje de categoría si sus raíces son débiles y superficiales, incapaces de soportar un temporal de errores encadenados, humanos, agitados por los fantasmas de la dejación. Ese es nuestro equipo, como todo lo que crece por estas fértiles tierras que se olvidan de las almas de sus cosechas, arrancadas y engullidas en los canales de Amsterdam o en las bocas del metro de París. Pero en los restos del árbol caído florecen las orquídeas y los tulipanes, se alarga la sombra de la esperanza y la vida brota de la materia inerte. Al menos así debería ser. Lo hemos visto en otros lares, hemos visto resurgir el ave fénix de la noche de la desesperación, remover a su alrededor olas de arena y balaustradas de piedra cincelada por el deseo. Sí, del fondo del alma colectiva pueden surgir huracanes de voluntad. Y cuando lo pensamos, miramos en derredor y vemos un valle hermoso rodeado de sierras, y de gentes que siguen creyendo en los milagros. Esta temporada no será posible, el barco se ha hundido y ahora reposa en las profundidades abisales de la LEB. Ninguna fuerza colectiva y titánica será capaz de reflotarlo porque las heridas son incompatibles con la vida junto a los grandes del baloncesto. Pero acaso la temporada próxima un géiser submarino reflote la alegría sobre un cielo blanco, impoluto, preparado para ser reescrito con las estrellas de la gloria. Así lo esperamos.

Hoy nuestra hija ha jugado en Blanca. Seguimos preocupados por el baloncesto femenino, por la desaparición de secciones femeninas, por las fallas de una realidad (organizativa) que trata en igualdad condiciones desiguales, y que no llega a comprender que la igualdad es el tratamiento desigual de condiciones desiguales. En algún sitio hemos reflexionado sobre la teoría de género, hemos hablado de estereotipos y de construcciones sociales. Lo cierto es que es difícil remover obstáculos si sólo intervienen una parte de los actores del baloncesto regional. Hay que reunir a madres y padres, a entrenadoras y entrenadores, a jugadoras y jugadores, a árbitros y árbitras, para preguntarnos las razones por las que si el deporte es un bien deseable para todas las personas, su práctica no se distribuye más o menos uniformemente, con independencia del género de la persona que lo práctica. Algo falla, ya lo hemos dicho en otras ocasiones. Y evidentemente no se puede culpar a las niñas de tal constatación.

¿Para cuando los módulos formativos de igualdad de género en la formación de las y los profesionales del baloncesto?, ¿para cuando una charla con chicos y chicos explicándoles el valor igual del esfuerzo deportivo de unas y otros?. ¿Para cuándo la primera concentración conjunta, festiva, alegre, en la que se transmita valores que enriquecen y unen en la diversidad?.

domingo, 28 de febrero de 2010

Basket Cartagena 53 CB Murcia 79 : la Crónica


Anochecía cuando abandonamos el Pabellón Deportivo Virgen del Carmen de Cartagena. La tarde cálida había disipado las nubes planas y el vuelo de una gaviota sobre un edificio en construcción nos devolvió el reflejo de un paisaje de azulados contornos. Miramos de nuevo la bóveda que nos cubría con su sereno manto y pensamos, como muchas aves que navegaban el cielo con sus alas blancas extendidas y sus sueños del sur revivido, que éramos nómadas del baloncesto por imperativo filial, que cruzábamos sierras, baldíos, naranjales y cultivos de hortalizas y frutas diurnas, siguiendo la estela de nuestros hijos, el rastro y la parábola de un balón, de un salto largo, potente y escurridizo. Estuvimos en tierras lejanas, recorrimos de sur a norte las costas occidentales del Mediterráneo, nos volvimos a enamorar de Barcelona, de sus gentes y de sus ritos, leímos en sus calles, y en su metro, la literatura de una ciudad inmortal, de inacabables poemas homéricos y prosa de versos alejandrinos. Y al ver la gaviota sobrevolando el edificio en construcción pensamos en la libertad de un mar que se podía tocar levantando el brazo, acariciando la textura del aire que nos envolvía en aquella calle paralela a Alfonso XIII.

Mientras saboreábamos un dulce de coco con corazón de avellana, en mitad del partido, supimos que allí dentro, bajo una techumbre de esperanzas, se enfrentaban dos equipos llamados a reencontrarse eternamente, en todas las finales que se disputen en los panales de nuestra tierra, alejados por un espacio vacío y una manos extendidas rebosantes de tenacidad y de voluntad de superación. Las tardes largas de la primavera cercana, se anunciaron por primera vez cuando abandonamos el Pabellón Deportivo Virgen del Carmen. Veremos el paso lánguido de los crepúsculos marinos, la noche llamará al día y éste encumbrará las noches con el rojo de la pasión, y cuando menos lo esperemos el Basket Cartagena y el CB Murcia volverán a levantar en el cielo las espirales de la voluntad y del deporte.

Y nosotras, nómadas del baloncesto, cruzaremos montañas, llanuras y obligaciones para seguir a nuestros hijos.

sábado, 27 de febrero de 2010

Un partido de alto riesgo: Basket Cartagena 95 CB Murcia 95


Mañana domingo, último día de febrero, se celebra un partido de alto riesgo. Juegan dos equipos que se conocen muy bien, el Basket Cartagena y el CB Murcia, ambos de 1995. Será en tierras de Cartagena, a la muy lorquiana hora de las cinco de la tarde. Los murcianos vendrán pertrechados con “Escuela de Mandarines” de Miguel Espinosa, en una edición de pastas duras editada por una caja de ahorros allá por los años ochenta. Querrán llevar la Feliz Gobernación a Cartagena, y sus habitantes exhibirán, sin duda, La carta Esférica de Arturo Pérez Reverte. Estos últimos argüirán que la Feliz Gobernación se ejerce de una manera harto prepotente desde la capital del Segura, y aquellos recordarán que el profesor Perona de la novela de Pérez Reverte es un trasunto de don José Perona, profesor de la Universidad de Murcia ya fallecido. En tierras de Cartagena brillará ese sol mediterráneo, claro, luminoso, que acaricia las cabriolas del mar con sus rayos dulces y juguetones. Así esperan los murcianos que sea la tarde, así desean los cartageneros un crepúsculo primaveral, entre las colinas y los olores salados de un puerto inmemorial. ¿Intentarán los de tierra adentro recordar la poesía de un Vicente Medina o de un Jara Carrillo?, ¿responderán los cartageneros recitando a Carmen Conde o a José María Valverde?.

No habrá, sin embargo, disenso sobre la calidad de la piedra romana sobre el adobe árabe. Varios milenios de lluvia, frío, sol y calor no han hecho sino mejorar los restos de la ciudad departamental, que ahora resurgen de las profundidades de la tierra y de la historia cargadas de vida, pensamiento y grandeza. Los restos árabes necesitan mimo y dedicación, pero nunca se podrá decir que las vivencias de las gentes que recorrieron sus callejuelas y recovecos no sean únicas e inmortales, como las de todos los pueblos que se asomaron al mar por ese refugio único del que ya nos hablara don Miguel de Cervantes en otras voces de este blog.

Lo dicho, un partido de alto riesgo.

martes, 16 de febrero de 2010

Bajo la lluvia


Llueve, llueve sobre la ciudad, sobre los jardines y las calles de Murcia. Pasan las semanas nubladas, el frío cala los huesos, no seca la ropa, crece el musgo en los troncos de los árboles. Llueve en Murcia, en Cartagena y Lorca; llueve en la Cresta del Gallo, nieva en Revolcadores, vuelve a llover en la arena del mar, en la Isla del Fraile, sobre la vertical de los pecios de Cabo de Palos, en la Refinería de escombreras y en la bahía colmatada de Portmán.

Las luces de la ciudad iluminan el cielo blanquecino, que rebosa agua en sus hechuras.


“Llueve mansamente y sin parar, llueve sin ganas pero con una infinita paciencia, como toda la vida, llueve sobre la tierra que es del mismo color que el cielo, entre blando verde y blando gris ceniciento, y la raya del monte lleva mucho tiempo borrada (…) a lo mejor orvalla sin fe, ni esperanza, ni caridad y no lo sabe nadie, tampoco atiende a nadie, orvalla con devoción mientras el mundo sigue sin rodar...”


Camilo José Cela: “Mazurca para dos muertos”.


¿Cuántas semanas hace que al menos un día de entrenamiento a la semana de baloncesto no ha sido suspendido por esa lluvia que cae cuando quiere, sin respetar nada, mojando el peligroso suelo de la pista descubierta del Polideportivo Infante?.

Esperamos que escampe pronto, del ayuntamiento poco se espera, tampoco se le espera.

domingo, 31 de enero de 2010

Una bola de fuego ha envuelto la realidad


En nuestro entrada anterior, hablamos de una escultura de Ícaro plantada en la bahía de Águilas. Parece que nuestras perspectivas, después de un majestuoso CB Murcia ante el Fuenlabrada, han volado cerca de un sol inmortal que ha derretido nuestras alas de ilusionadas esperanzas. Nos hemos aproximado demasiado a la realidad y ésta nos ha hablado en la lengua de la materia y del fracaso.
Manresa 72 CB Murcia 55 ha sido el resultado, pero seguimos creyendo en los milagros porque creemos en la literatura, en la épica de los perdedores, en Ícaro... en la vida misma.
Una bola de fuego ha envuelto nuestro futuro, pero su llama debe guiarnos en la oscuridad. Con el Real Madrid volveremos a la senda de hierba y grava que nos conduce a la salvación.

sábado, 30 de enero de 2010

De regreso a Águilas



En las selvas de la vida, hay sendas que conducen a ninguna parte. Unas veces, se ven truncadas por el filo de profundas quebradas; otras desaparecen en la espesura del manglar, junto a un cadáver, una brújula y, acaso, un mapa de El Dorado; otras no tienen fin definido porque en la espesura se abre un claro circular, un enorme túmulo funerario donde yacen mezclados los huesos de millones de personas. Recordemos a Salvador Espriu: “ a veces es necesario y forzoso que un hombre muera por un hombre / pero nunca un pueblo entero debe morir por un hombre...”.

Dejamos a la derecha las alturas blancas de Sierra Espuña. La nieve refulgía en una lejanía inconcreta, allá arriba, entre manchas doradas de sol y roquedales colosales. Nos dirigíamos, de nuevo, a Águilas, dispuestas a mezclarnos con el aire y el salitre, con la brisa y con la mar rizada. Un poco más abajo del Alto de Purias pudimos ver una cinta de plata recortada por suaves ondulaciones oscuras. Era el mar Mediterráneo, peinado al mediodía por un cielo tenuemente blanquecino. Nos encontrábamos en territorio de la tortuga mora, esa reliquia de tiempos geológicos remotos que se resistía a los designios de los hombres, de los caminos de alquitrán y de los fuegos atizados por manos humanas. Poco al poco el mar iba abriendo sus largos brazos y la plata matizaba su brillo y adquiría tonalidades azuladas. El plástico blanqueaba el paisaje; olivos, pinos de alguna repoblación olvidada, llamativos cañaverales en los lechos de los barrancos.

“Cuando el mar surgió al fin comprendió las razones profundas de aquel peregrinaje al pasado, al decorado mítico y fabuloso de su niñez: el pueblo aparecía milagrosamente blanco en la atmósfera luminosa e intacta y, a la izquierda, las montañas recortaban sus formas obtusas en un cielo sereno, moteado a trechos por una algodonosa baba de buey; el color del mar era de un azul intenso bajo la escarpa casi vertical de Cope y el islote del Fraile emergía su poderosa grupa, medio oculto tras el cercano penacho de las palmeras”.

Juan Goytisolo: “Señas de Identidad”.

Nuestros hijos jugaban en aquel hermoso pueblo marino, cálido, seco, de cielos brillantemente azules y claridades majestuosas de un sol nuestro, que casi se podía abrazar con los poemas de las civilizaciones que lo adoraron mientras surcaban las orillas del Mediterráneo. Se enfrentaban al Águilas B, en unas instalaciones deportivas levantadas en medio de un descampado de matorrales surcado por alguna rambla de lecho arenoso. Pero en este día cálido de invierno, decidimos quedarnos a comer después del partido. La tierra, el paisaje, los escarpes, las agrupaciones de palmeras y de rocas, esa preciosa bahía con una mar rizada y azul, el castillo, la arena húmeda de la última tempestad, la locomotora, la escultura de Ícaro, los pesqueros, las embarcaciones de recreo, alguna de ellas con nombres tan simbólicos como “El viejo y el mar”, homenaje, sin duda, a Ernest Hemingway, los recuerdos de Paco Rabal, de las minas y de los ingleses, la añoranza de Vázquez Moltalbán, la tranquilidad del paseo marítimo, nos invitaron a disfrutar la tarde comiendo en un bar arroz a banda, paseando entre palmeras y luces crepusculares, riendo, hablando sobre baloncesto y sobre la vida selvática que, a veces, nos depara el camino. Echamos de menos a algún jugador, a alguna madre y a algún padre, echamos de menos el vuelo de las águilas y la estampida de los búfalos, pero la tarde transcurrió tranquila, entre platos y cafés, observando las fotografías del restaurante, y el mar abrazado por la bahía y enmarcado entre visillos.

Allí estaba Carmen, la entrenadora, allí estaban nuestros hijos, alrededor de una mesa, compartiendo pensamientos y sentimientos, mientras saboreaban el arroz, la ensalada, las delicias de un fondo marino de luciérnagas soñadas y terribles secretos enterrados por el oleaje de los siglos. Y esto es lo importante del baloncesto, y esto es lo importante de la vida. Lo que nos hace mujeres y hombres responsables, honestos, solidarios. Y éste es nuestro futuro, porque ellos son los que han de modelar el mundo con lo aprendido y con lo deseado para que en el futuro ninguna senda esté truncada por los torcidos designios humanos.

Fue un día hermoso, como el mundo que nos rodeaba, como las sierras que atenazaban por doquier las orillas del mar y del cielo. Ganamos por mucho, demasiado, pero esto no es lo importante. Aquella tarde lo supimos al echar de menos a gente que no pudo venir y compartir con nosotros los olores, sabores y formas del Águilas mediterráneo, de la textura de las palabras modeladas por la brisa y el mar, por el cielo y la tierra.



Las fotografías son de Lucía Sánchez

jueves, 28 de enero de 2010

Noches en blanco


Entre los poemas que Dios ha escrito sobre las personas, en lenguas mayoritarias, minoritarias y en peligro de extinción, hay uno magnífico que habla de su preferencia por tal o cual pueblo, villorio, aldea y casa de labranza. Dios pertenece a todas las personas y éstas lo adoptan como propio, como protector del lar, de la polis, del feudo, del estado moderno y del mundo globalizado, aquel del que nos habla Bourdieu indicándonos que los pobres ya no son holgazanes, ahora son incultos. Algo se ha escrito también de la preferencia de Dios por los hombres, de su literatura dura y justiciera plasmada en el Antiguo Testamento, o de esa prosa más dulce, equilibrada, rebosante de ternura y amor del Nuevo Testamento. La vida es dura, nadie lo duda. La lucha por individualizarnos, por ser las mujeres en vez de la mujer apenas ha superado su fase genética, queda mucho camino por recorrer. Nunca las mujeres hemos tenido identidad propia, es decir, identidades individuales como ocurría en el caso de los hombres. ¿Cuánta gente sabe quién era Mary Wollstonecraft u Olimpia de Gouges?. La historia se escribe con la pluma de los vencedores, con la prosa heroica de los que sobresalen sobre los demás competidores, antaño mediante el exterminio y el encalado de los muros de fusilamiento, ahora mediante el mercado electoral o de las ideas confrontadas. El deporte, los deportes, es cosa moderna; es la civilización de la competición mediante reglas iguales para los contendientes; es, en los deportes colectivos, el desarrollo de vínculos de solidaridad, de permanencia al grupo, de entrega mutua. Es, como hemos leído en algún blog, una forma de vida.

Pero nos falta algo, nos falta que el deporte sea también una herramienta de igualdad de género. Hay que dar importancia al deporte como relación e integración social, hay que relativizar las marcas y las capacidades físicas porque lo importante es formar parte del deporte, del baloncesto, del fútbol, del balonmano, de voleibol... y tal sentimiento de pertenencia es incompatible, en general, con la sacralización de la victoria por encima de valores sociales que consideramos vitales para la supervivencia de la especie misma.

domingo, 24 de enero de 2010

CB Murcia 98 Fuenlabrada 71: ¿la resurrección?.


El sol bruñía las ramas desnudas de los plátanos. Eran las doce del mediodía. Aguardábamos sentados en las escalinatas del Palacio de Deportes. A lo lejos, las suaves líneas de la sierra se recortaban sobre un cielo claro, blanco, con alguna nube vaporosa en sus costuras mediterráneas. La gente llegaba tranquilamente, esperaba, miraba a su alrededor buscando una muchedumbre compacta, con banderas del CB Murcia y corazones acompasados por los latidos rojos y negros de nuestro equipo.
Una entrenadora dijo:
-Mi hermano dice que hoy comienza la resurrección del equipo.
La miramos, miramos alrededor buscando indicios en el cielo, en la tierra, en la corteza baja de los árboles, en los reflejos acuosos del estanque cercano, en las miradas de los que llegaban, y de los que esperábamos tal vez un milagro. Pero nada se reflejaba en el cielo. No vimos águilas volando en círculo, ni buitres más allá de los vientos levantiscos, ni el musgo creciendo en el ocaso de las sombras crepusculares de un invierno largo. El Oráculo de Delfos quedaba muy lejos, en un declive de olivos y sueños claros y azules. Las entrañas de Prometeo, aquél que debía robar el fuego de la victoria a los dioses de la ACB para entregárselo a un subterráneo y melancólico CB Murcia, se exponían al público junto a los carritos de cascarujas mientras las águilas de la derrota picoteaban, desgarraban y engullían las partes blancas, gelatinosas de una derrota tras otra. ¡Y que decir de los buitres y de aquellos torpes gorriones con los que San Francisco de Asís quería dialogar, arrodillado a los pies de una ermita y un ciprés!.
Entramos en el pabellón. En lo alto, una mancha naranja de tambores, pitos, camisetas y voces de Fuenlabrada animaban al equipo madrileño, saboreando de antemano una victoria que debía caer como fruto maduro en sus manos. Guardamos un minuto de silencio por las victimas del Terremoto de Haití, un minuto que nos pareció corto para solidarizarnos con las cientos de miles de tragedias humanas, que han ensombrecido con sus negras alas de muerte los cielos del mar caribe.
¡Y comenzó el torbellino CB Murcia!. 20 minutos, dos cuartos de juego casi perfecto, con un sublime Vujanic y un no menos maravilloso Pedro Robles. Al final del segundo cuarto, se oyó a una voluntariosa seguidora del Fuenlabrada gritar: ¡este partido lo vamos a ganar!. Voluntad de victoria a pesar de los desastrosos veinte primeros minutos de los madrileños. Un murciano cuchicheó a sus acompañantes: “parece que antes de labrar, la fuente estaba plantada de amapolas”. Risas, conciencia de que era imposible perder ante el Fuenlabrada, alegría y, tal vez, veinte minutos finales que no aportaron nada a una victoria contundente y anhelada por los seguidores murcianos.
Abandonamos el pabellón con la alegría aún floreciendo en las bocas y en las frases construidas con los materiales de la esperanza. Afuera, el cielo aparecía encapotado, una brisa húmeda arrastraba nubes cada vez más amenazantes. La lluvia estaba próxima; una tarde de domingo lluviosa, triste, rememorando, sin embargo, los recuerdos de una mañana cálida, brillante y alegre. Ganamos, ganamos al Fuenlabrada por 98 a 71 y en estos tiempos de pesimismo cuasi antropológico no es poco.
No sabemos si se está asistiendo a la resurrección del CB Murcia, como nos dijo aquel joven llegado de las tierras próximas y amigas de la antigua Corona de Aragón, pero sí podemos afirmar que cuando el futuro se manifiesta con letras de gótica decadencia, de edificios de piedra derruida, de yedra creciendo y desmigajando la herencia de nuestros ancestros, siempre hay alguien que nos recuerda que la esperanza existe, es real, tiene textura y olor, y que nos acompaña aún en los lugares más inhóspitos. Queremos recordar los nombres de nuestros jugadores, de estas personas imperfectas como nosotras, pero con un algo que nos atrae cada catorce días y nos hacen partícipes de un proyecto colectivo de alegría y solidaridad, también de desencanto y renuncia:

Amara Sy, Pedro Robles, Chris Moss, Marco Gaona, Delininkaitis, Xavi Sánchez, Victor Faverani, Óscar García, Vujanic, Prestes, Moncasi, Scepanovic, Asselin y Powell.

La fotografía pertenece a Javier Bernal.