domingo, 18 de mayo de 2014

La sangre cuajada en las orlas de las nubes

La cigüeña sobrevoló varias veces la plaza. El follaje de las acacias, pero sobre el calor de finales de marzo y ese sol brillante que dibuja con un grueso trazo de carbón la línea de las sombras, hizo que pasara desapercibido su vuelo. Nadie la vio, nadie sintió la breve brisa de sus alas que rasgaba el azul sólido del cielo mediterráneo. Estamos habituados a mirar fijamente las grietas de la piedra, observar el tierno tallo de la gramínea buscando la luz en la umbría del pórtico de la iglesia o los pétalos de las amapolas que crecen en los parterres del jardín. Pero el cielo... hace muchos años que no mirábamos con interés el cielo. Ya apenas significaba algo. Las amplias amplitudes del valle se habían enmarañado como telas de araña y cuando levantábamos la mirada, hilos de sangre cuajada manchaban las orlas del algodón de las nubes. Tal vez se tratara de la pérdida de cualquier creencia, de cualquier sueño en el que las piernas y los brazos se movieran libres en el universo, sin ataduras ni lazos tramperos colocados al azar en los meandros del futuro.
A mediados de abril, Ana las vio en la chimenea de la fábrica de ladrillos. Era una pareja de cigüeñas blancas. El viento de la primavera, que olía a azahar y a vida, erizaba sus alas. Una nube, con sus orlas de sangre cuajada, permanecía en quietud sobre la boca de la chimenea. Los niños se arremolinaban en las sombras de los muros derruidos de la fábrica o debajo de los chopos que crecían en los zigzagueos del cauce del río. Las cigüeñas habían vuelto, sobrevolaban con sus alas extendidas el granito azul del cielo y llevaban en sus picos ramitas secas, briznas de broza, globos de aire leve que no pesaba o casi. Levantar la mirada para contemplar las costuras del valle ya no suponía un doloroso esfuerzo. La cabeza ya no pesaba tanto como antes, como si el yugo simbólico uncido a toda una generación se hubiera disipado en el paso de las horas, de las luces y de las sombras de ese abril inusual.
En mayo, las sombras del vuelo de las cigüeñas habían sustituido a las de las nubes. Las orlas se habían desmadejado y el rojo cuajado del desamor se había convertido en un blanco de alas de ángel. En los terrados de las casas, los pollos de las cigüeñas se agitaban al sentir el contacto de la ropa tendida. No extrañaban a sus moradores, se dejaban acariciar cuando un niño subía a recoger las sábanas ya secas o cuando una madre en paro los miraba, se acercaba a ellos y les hablaba en susurros para evitar que el viento se llevara las frases, las maltratara con sus números primos y las dejara caer en la marmita donde se cuece la injusticia.
El 25 de mayo, los habitantes del pueblo se levantaron muy temprano, a eso de las siete. El fresco de la mañana olía a espliego, a plumones de cigüeña, a agua y ruiseñor. Desde los terrados de la plaza, las cigüeñas observaban la entrada y salida de la gente de la escuela. No se veía ninguna gaviota. Con la llegada de las cigüeñas habían abandonado el lecho del río y ahora comían en los vertederos del interior del desamor humano. Las amapolas florecían en los parterres y en las grietas de los sillares de piedra de la torre de la iglesia. El azul granítico del cielo había desaparecido del horizonte y ahora la luz brillante de la mañana te erizaba con el calor primaveral.
La madrugada del 25 de mayo fue blanca, y hacia las tres, cuando la luna se mecía en brazos de la sierra, la aurora boreal enrojeció el horizonte con unos trazos gruesos de utopía.

A la mañana siguiente, las cigüeñas ya no estaban, pero nunca más volvieron las gaviotas, ni la sangre cuajada manchó las orlas de las nubes. Algo había cambiado, algo relacionado con el corazón y con la esencia del pensamiento humano: la solidaridad.  

domingo, 4 de mayo de 2014

Lucía Sánchez me pide que le publique un texto breve...

Anoche, en una madrugada de brisa intermitente que acercaba la música de Los Chicos de la Tienda de Animales, Lucía me remitió el siguiente texto. Creíamos que había regresado a las calles de ciudad de México, a pasear su tristeza y su amor eterno por la literatura de Eloy Sotelo. No nos hagamos demasiadas ilusiones.

"Infante llovió oro y la sierra, el río, el regazo de los sueños (nubes de algodón rosáceo) cayó abatida por el monstruo de la razón, que engendra mentecatos cuando ya no hay nada en lo que creer. Cuando nació Infante sénior, un pacto en la broza incandescente de tu mirada, madre, hermana, amiga, confidente de las madrugadas.... ahora el rocío humedece las copas de acritud de un cielo negro cuajado de lágrimas y de besos de leche. Mentecatos de hornacinas donde arde el espíritu de papel, mentecatos que secan las raíces de los florales árboles del abismo cuando sus equipos ganan y derriban el plácido despertar del azahar de los naranjos. Jóvenes del Infante: escuchar el aullido de los prontos cadáveres. Hablan de vosotros, Ellos que son pasado, ceniza, aluvial riada de troncones e insectos voraces. Acaba la liga, y con ella los mensajes de esperanza, de espuma sonrojado los espermatozoides débiles de una adultez decrépita, que sonríe ante su propia incapacidad de levantar el vuelo y señalar con el dedo el lugar de la ventisca. 
Grande Infante, ahora olvido, tristeza, amapolas mecidas por el viento en la luz crepuscular de tus oponentes. Ellos los que ladran mientras la yegua cabalga libre hacia el futuro.

viernes, 13 de septiembre de 2013

Comunicado de la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII y de los Comités Óscar Romero del Estado español

"Hemos tenido noticia de que el próximo mes de septiembre el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu será investido Doctor Honoris Causa por la Universidad católica de Murcia –UCAM–, a través de la cátedra de Ética Política y Humanidades, que dirige el ex presidente del gobierno español, José María Aznar, quien será el padrino del dirigente israelí.

 Es de conocimiento público la situación de represión y violencia que el Gobierno de Israel, presidido por Netanyahu, despliega contra el pueblo palestino, tanto musulmán como cristiano, haciendo caso omiso de las resoluciones de Naciones Unidas y de las llamadas de la comunidad internacional. 

 El Gobierno de Israel cerca ciudades y pueblos, dentro de Cisjordania, con grandes alambradas de espinos, aislándolos completamente unos de otros. Está erigiendo, de Norte a Sur, un muro de 700 kilómetros de largo, para aislar y humillar al pueblo palestino. Soldados israelíes patrullan calles y mercados por las ciudades de Jerusalén, Hebrón, Ramalla…, atemorizando a la población palestina, cuya economía se ve estrangulada debido a la escasez de peregrinos y turistas. En algunas ciudades palestinas, los colonos israelíes han usurpado el agua para destinarla a sus nuevos asentamientos, que crecen sin cesar pese a la prohibición de Naciones Unidas. 

 Pero no es esta la actitud de todos los israelíes. En el Estado de Israel hay ciudadanos y ciudadanas, organizaciones e instituciones que están en desacuerdo con su Gobierno, condenan su política represiva y violenta contra el pueblo palestino, defienden el camino del diálogo un diálogo respetuoso con dicho pueblo y reclaman su derecho a la independencia. 

 Ante esta realidad, la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII y los Comités Óscar Romero del Estado Español manifestamos nuestro más radical rechazo al galardón concedido por la Universidad Católica de Murcia al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, por considerarlo un insulto y un desprecio al pueblo palestino, un atentado contra los Derechos Humanos y una negación de la dignidad de este pueblo que habita con pleno derecho la tierra desde varios milenios. Nos parece un escándalo que una Universidad que se proclama católica actúe en contra de los más elementales principios de la Ética humanitaria y del Derecho Internacional y legitime actuaciones que lesionan los legítimos derechos del pueblo palestino. 

 En la encíclica Pacen in terris Juan XXIII llamaba a cristianos y no cristianos a construir la paz fundada en la libertad, la justicia y el amor. Monseñor Romero denunciaba proféticamente la “paz” basada en la represión y el miedo, y hacía un llamamiento a respetar el derecho a una vida digna. Jesús de Nazaret clamaba, indignado: “¡Ay de vosotros cuando todo el mundo os alabe, porque eso es lo que hacían los antepasados de esta gente con los falsos profetas!” (Lc 6,26). El salmista judío defendía el encuentro entre Bondad y Lealtad y el beso entre Justicia y Paz (Sal 85,10). Contra los deseos del salmista, Netanyahu ha conseguido una alianza entre la injusticia y la violencia para destruir al pueblo palestino, legítimo habitante de esos territorios desde milenios. 

 Si la Universidad Católica de Murcia no quiere ser cómplice de la sistemática agresión del Gobierno de Israel contra el pueblo palestino, debe renunciar a la concesión del doctorado honoris causa al primer ministro israelí. Todavía está a tiempo".

 Madrid, 7 de agosto de 2013

martes, 30 de abril de 2013

La nausea: cultivar coliflores o patatas


“El espíritu de economía, la exactitud, el cálculo, la pulcritud pedantesca, son todos ellos rasgos plausibles que poseen muchos alemanes. Aplicados a la agricultura o a la industria, dan sus frutos. El hitlerismo aplicó estos rasgos al crimen contra la humanidad y los SS del Reich procedieron en el campo de concentración polaco exactamente como si se tratara del cultivo de coliflores o de patatas”.

Fragmento de “el infierno de Treblinka”.

El texto completo se puede leer en “Años de Guerra”, de Galaxia Gutemberg; “Un escritor en guerra: Vasili Grossman en el Ejercito Rojo, 1941-1945 (Editorial Crítica) o en el siguiente enlace: http://www.museodelholocausto.org.ar/files/publicaciones/el_infierno_de_treblinka.pdf.

Personalmente, aconsejo “Años de Guerra” con relatos memorables. Sirve también para iniciarse en la extraordinaria “Vida y destino”, leyendo previamente “Por una causa justa”.



domingo, 28 de abril de 2013

La Final Júnior: UCAM 107 AD Infante 43


“Lo que los hombres hacen después del trabajo nos hace ricos. No los jodamos también en el trabajo”.

Escuchado en Camino a la perdición. 



Finalizó la liga júnior de baloncesto regional; en opinión de algunos, la liga más disputada y emocionante de los últimos años. Hasta que apareció el UCAM 95 y mandó parar la música (¿o ese fue Fidel?). No fue una sorpresa su aparición. Se le esperaba desde octubre de 2012, aunque su ausencia no fuera total. Se le podía ver por las canchas de baloncesto de la liga autonómica. Al menos eso decían algunos que lo han seguido por las canchas de San Javier, de Caravaca, de Molina de Segura, de Las Torres de Cotillas... con paso firme, la mirada perdida en un punto del cielo por el que se filtran rayos de felicidad.
No creemos en los milagros pero sabíamos que por abril, un mes que nos trajo momentáneamente el calor entre caballos de nubes negras encabritadas, el UCAM 95 retornaría por el camino de la reaparición de La Ñora para presentar sus credenciales de campeón. Y doy fe que lo hizo. Un equipo con los mejores jugadores de la Región recolectados a lo largo de los años en los semilleros de los equipos de baloncesto de base. En el UCAM 95 confluye lo más granado del material (para muchos entrenadores los jugadores son materiales maleables, nada más) baloncestista global aunque sigue fallando estrepitosamente (lo que hace a un club ser algo más que un club) en la pretensión de que sea el referente regional de este deporte. Es difícil querer ser referencia en una región como la nuestra, tan pequeña y tan distante. No lo es siquiera el Real Murcia, próximamente en 2B, ni la certeza de que hemos compartido mismos mares, aires y mentiras.
El UCAM 95 llegó a la “final a cuatro” e hizo lo que suele hacer un equipo con mentalidad de ganador (o de emprendedor): liquidar los partidos desde el primer minuto. Es la diferencia entre cosechar la uva a mediodía de un octubre de moscas libidinosas o de noche, a una temperatura y humedad determinada, acariciando el racimo con la suavidad de una mano que recorre un cuerpo embadurnado de nata. Las clases existen aunque interese que no se sepa. Las clases se hacen o las hacen, las personas o la realidad.
Y aquí, a esta “final a cuatro” llegó el equipo de los misteriosos barrios del otro lado del río cuando estaba todo perdido después del partido de ida contra el CB Cartagena 95. Se podía ganar al San José de La Vega, se podría ganar al UCAM 95... en realidad todo es posible en esta marca España. Ya aparece en la mitología precristiana: David contra Goliath, estatuas de arena, matanzas en nombre de Yahvé. Pero como dice la página de la FBRM, el entrenador del UCAM 95 ha conseguido engrasar a la perfección una máquina que elabora baloncesto de un alto nivel” en la liga autonómica. Sin duda, una máquina perfecta de jugar, como lo fue, en tragedias no muy lejanas,“la bajada del índice de esperanza de vida por parte del gobierno central para reducir el déficit público (¿a esto se le llama gerontocidio social con corrección clasista?), la retirada de las botellas de oxigeno en los domicilios particulares de enfermos crónicos, la cerilla libre para incendiar los bosques o el impago a todas las personas dependientes que tienen derecho a ser protegidas por el Estado”(*). Vicenç Navarro nos describió perfectamente el engranaje del despojo colectivo. El problema de la perfección, o imperfección, de los actos humanos, que reflejan en definitivamente la voluntad de su actor o de sus actores, es que, en demasiadas ocasiones no tienen corazón, están vacíos, huecos, se fundan en la voluntad de destruir al “otro” sin motivo aparente (en algunos casos deberemos recurrir a Freud, en otras a Smith o a Nietzsche). En definitiva, es otra forma de conducir la guerra, y en la guerra como en el amor hay buenos y malos guerreros, algunos de ellos despreciable Todos lo sabemos. En la crónica del desasosiego, que escribimos para nosotros, pobres diablos incapaces de penetrar en el arcano de la sabiduría que se difunde desde los bosques de hoja que en otoño alfombra nuestra contemplación del universo, anotaremos en la última página que clausura la historia de este periplo baloncestista, que hubo obediencia debida, pero finalmente todos seremos ceniza porque el sufrimiento golpeará con más saña a los creyentes, que son muchos y todavía no ven el precipicio a sus pies.
Este blog finaliza su recorrido baloncestista, difícilmente volverá a hablar de canchas, lides y viajes en autobús o vehículos particulares. Pero con la certeza de que hemos mantenidos posiciones ideológicas (ético-morales) a lo largo de los años que podrán ser cuestionadas pero en las que no se hallara huella de contradicción, tenemos que terminar esta crónica afirmando, como ya lo hizo Horace Peret, que la literatura no sirve para mucho pero al menos permite sobrevivir a los desvaríos del deporte, en concreto de este deporte llamado baloncesto.

(*)- Se ha suprimido un párrafo al parecer no muy correcto políticamente (tampoco en lo referente a la "alta cultura"). La autora de este blog es responsable de que alguien entienda, después de leer la crónica del partido, que en nuestro país se está produciendo un oculto y lento gerontocidio. La autora de este blog reitera sus disculpas si en algún momento se ha podido inducir a una lectura errónea del escrito. Deseamos que la generación de jóvenes actuales sea capaz de enterrar "en el mar" toda una cultura hipócrita, que esconde todos los defectos humanos detrás de una sonrisa.

sábado, 27 de abril de 2013

AD Infante Júnior 72 San José Junior 58

Cuando el viento nocturno sopla de los misteriosos barrios del otro lado del río, la ciudad se estremece. La hojarasca se arremolina en los rincones de las calles, los perros esparcen la basura a la altura del número 9 de la avenida Gran Vía Salzillo y no lejos, un rumor de agua negra mueve molinos imaginarios que muelen nubes blancas y olor a café.

Por algún sitio anda don Quijote, y los gigantes y sus brazos moviéndose como aspas de lino en mitad de una cancha de esperanza. Pero el caballero de la triste figura enloqueció o siempre estuvo loco, incluso antes de que velara las noches esteladas de La Mancha con pilas de libros de caballería. Nuestro espíritu no tiene límites porque las palabras que lo forman son transparentes como la sonrisa del aire ante un partido entre iguales. Y esto ocurrió en el primer encuentro de la “final a cuatro” del campeonato junior de baloncesto. Entre quijotes que han llegado al final del camino, a cubierto de la lluvia y del viento húmedo del mar nuestro, sabemos que sus cuerpos son de mármol esculpido por el viento del tiempo y sus espíritus son miles de historias diarias que se entretejen en el ímpetu colectivo de la amistad.

La amistad no tiene zonas sensibles donde hurgar y dañar. La amistad es incompatible con la desigualdad y se cultiva, con la serenidad de un jardinero que ve como las estaciones cambian la fisonomía de los parterres y de las flores que amanecen húmedas en los rosados besos de la aurora, en cada mirada clara y en cada susurro de complicidad.

Se dirá que no hablo de baloncesto sino de rosas lanzadas al graderío con la intención de herir en carne sensible con las espinas del tallo. Pero hay que hablar de la igualdad para hablar de equipo, y de esto ha hablado José Alberto Egea en el año que ha estado entrenando al AD Infante. Las oportunidades o son colectivas o no lo son, al menos en deportes de equipo. Y esto ocurre en los barrios misteriosos que despiertan en las madrugadas con sus bocas henchidas de poemas heroicos La oportunidad de ganar al San José de la Vega, la oportunidad de acercarse a las laderas de la Cordillera del Himalaya y penetrar en sus entrañas y roerlas como un ratón insignificante que tiene nombre y apellido y sobretodo dignidad. Roer las entrañas de la desigualdad, leer hasta el amanecer el capítulo dedicado a la obesidad de “Desigualdad. Un análisis de la (in)felicidad colectiva” de Wilkinson y Pickett y creer en la comunidad como cristal transparente que hace hombres y mujeres completos (y complejos).

Admirable partido jugado por el San José de la Vega. Vienen de la “zona cero” del país del búho, de donde proviene el olor a resina. Un equipo también de iguales, de otros barrios que se descubren con la mirada de un pasado que ya nunca volverá. Han sido derrotados pero solo merecen reconocimiento, un abrazo profundo, el momentáneo silencio del abrazo espiritual.
Y los jugadores, nuestros jugadores. Ganen o pierdan serán nuestros, como los jugadores del RDY Yecla, que ha sido derrotado en la otra semifinal por el UCAM Murcia por 114-26. Equipos de iguales, jóvenes que se divierten y que conocen sus límites. Ellos, nosotros....Después de muchos años sabemos quiénes somos: el vuelo limpio de los petreles sobre la espuma de los huracanes. Eso son nuestros hijos, eso debemos ser nosotros cuando desde las gradas los animamos y los recordamos dándonos codazos en el primigenio útero.
No, la amistad no debe tener mácula. Pierdas o ganes, sueñes o seas realista. Mañana el huracán devastará la cabaña de ramas, hojas rojizas y flores donde nos cobijamos para ser amigos e iguales (el baloncesto). Pero volveremos a reconstruirla con materiales pobres y volveremos a vivir edificando palabras que encierran sentimientos colectivos. Del huracán, os lo aseguro, solo quedará vacío y olvido. De vosotros, hijos y amigos, el orgullo de haber jugado una final y haber resistido el viento imposible de la desigualdad.

Juan Gil de la Encarnación, Alberto Pujante Antonatou, Alberto Nicolás Pérez, Álvaro Gómez Buendía, David Lucas Martínez, Manuel Lorca Riquelme, José Campillo Martínez, José Ibañez Carmona, Miguel Ángel Sanz Almarcha, Álvaro Bernal de Ayala, Álvaro Urrutia Rodriguez, Vicente García Rabadán y David Saura Perona.

Así se llaman nuestros héroes. Sus espíritus son grandes y son libres.

jueves, 25 de abril de 2013

AD Infante y nosotros


Posiblemente el AD Infante esta batiendo, a fecha y hora actual, todos los récord conocidos. Supuestamente no es un equipo del “Régimen”, es decir, no es CB Murcia. Tampoco es un equipo de los “contrapoderes” colegiales (Maristas, Capuchinos, Salesianos...). Ni qué decir tiene que no tiene “prensa oficiosa” que lo promocione por la Nube.
Pero desde el domingo pasado, en el que ganó a un equipo por el que siento gran simpatía y lo apeó de la “final a cuatro” (paso de la denominación inglesa) supuestamente con el apoyo arbitral (algunas fuentes hablan de “conspiración global” y no de “lobos solitarios”), el AD Infante es el equipo más vilipendiado del baloncesto regional y sus jugadores son culpables ya no de su juego sino de monstruosos favores de la FBRM. La gravedad de la imputación adquiere su verdadera dimensión cuando se descubre que el único equipo al que se le reconocen, sean falsos o no, beneficios (seguramente más placebos que otra cosa) de la Federación es el CB Murcia. 
Vivimos en una sociedad cada vez más extraña, en la que el problema ya no es que haya clases sociales sino que se sepa que las hay. Como escribió Bernard Shaw en Regreso a Matusalém, "... unos predican una lucha de clases, otros la practican vigorosamente". Esto ocurre en el microcosmos de este deporte regional. Todo el mundo niega que deba haber clases en el baloncesto pero las hay. Y esto se manifiesta sobremanera cuando los equipos que deben ganar no lo hacen. No es el caso del CB Cartagena. Al menos eso es lo que pensaba hasta ahora, y lo sigo pensando de los creadores de opinión del otro lado del Puerto de la Cadena (en el lado de la brisa marina y las briznas de sueños en las crestas de las olas).
Pero entre tanto anonimato observo desprecio (y deseos de desestabilizar al equipo de cara a la final a cuatro) y eso, amigos, no es lo convenido ni lo prudente si queremos mantener la ficción de la inexistencia de clases (baloncestistas). Desprecio por el AD Infante, y por tanto por sus padres y madres (cosa perdonable) y por sus jugadores (cosa imperdonable desde cualquier punto de vista).
Entre tanto marasmo, observo también el desprecio de seguidores de equipos humildes y aquí ya no puedo dejar de pensar que o somos estúpidos o la sociedad lo es globalmente (tiendo a pensar esto último). Sobre la estupidez debo decir, contradiciendo a aquellas personas que mantienen que el baloncesto es un deporte practicado por gente inteligente, que está repartida homogéneamente en todos los deportes practicados y por practicar (no solo en el fútbol).
Aprovechando que mi hijo cumplió ayer los 18 años y es ya mayor de edad le pregunté por el arbitraje. El me dijo que fue normal. Su respuesta es la que es y seguramente es la que tiene más moléculas de verdad.

domingo, 21 de abril de 2013

AD Infante Júnior 78 CB Cartagena Júnior 46

Iba a comenzar la última entrada sobre baloncesto con estas frases: “el río se paró definitivamente. Los paseantes que cruzan sus puentes lo saben. Entre la pasarela Manterola y el Puente Viejo, se ha formado un islote casi plano de arenisca. Los patos la cruzan en diagonal dejando las huellas de sus patas en la tierra empapada de agua”. Volvemos a se una tierra detenida, paralizada bajo un cielo azul que amenaza inclemencias tórridas en los meses venideros. Este no es país de otoños rojizos, de alfombras de hojarasca en las que recostarse para enamorarse del frío firmamento, de las estrellas heladas en su viaje sideral. Tampoco es lugar para amar contemplado las auroras boreales, los icebergs o el perceptible siseo de los alces. Pero el baloncesto, como la filosofía del hartazgo urbano, te hace cambiar los titulares, los pensamientos y los sentimientos (entre estos últimos hay un beso que puede ser pudoroso o vitálmente pornográfico dependiendo con el equipo con el que juegues). Debo reconocer mi querencia por el CBC 95, tal vez por la vieja amistad con algunos de los padres de sus jugadores. Hemos hablado del mármol milenario, de las tardes ancestrales del Mare Nostrum, de los cadáveres que deben soñar una imposible liberación sepultados entre toneladas de fango e historia. 
Odio la competición deportiva porque hace comportarse a las personas como seres alienados, que piensan en victoria y derrota en términos absolutos (algo de eso pensaron los regímenes totalitarios cuando
llevaron al matadero a millones de seres humanos). Nada que vez con la tradición de las escuelas filosóficas griegas y romanas, nada que ver con la necesaria mesura que debe presidir las relaciones de sociedades pacíficas. Pero el baloncesto es eso: un deporte entre iguales que compiten. Luego están los desiguales, los que buscan su razón de ser más allá de una competición entre amigos y cómplices de alegrías y pesares compartidos. 
Venus, la estrella solitaria de la mañana. 
Las cárceles en las que nos recluimos voluntariamente. 
El AD Infante ha derrotado al CBC 95 por treinta y dos puntos de diferencia. Se ha desbordado la pasión de unos mientras los otros han guardado silencio. Poco se podía decir, acaso el argumento clásico del mal arbitraje. En la última semana leí en algún blog puntero la extrema dificultad de que el AD Infante superara la clasificación. Hasta que al iniciar un libro sobre la I Guerra Mundial me encontré con una frase de Henri Bergson: “la guerra era imposible pero probable”, Desde ese momento volví a creer, y las creencias mueven mundos, no sólo pueblos, países y continentes, en la victoria del equipo de los misteriosos barrios del otro lado del río, porque nos lo merecemos, porque junto al pabellón de baloncesto hay un limonar, porque a pocos metros un chopo se levanta valiente sobre el terraplén de una acequia. La victoria era imposible pero probable. 
 Sigo pensando que las competiciones tienen su lado perverso, en muchas ocasiones obnubila la razón; son las hermanas bastardas de la amistad. Posiblemente estas afirmaciones, para los que defienden la necesidad de la bota en la nuca ajena, sean heréticas y retrotraerían al planeta a la edad de piedra. Hay padres que buscan equipos (o colegios u universidades privadas) determinados para que sus concepciones de la vida y de su evolución dejen impronta en sus vástagos. Algo así como las sociedades secretas de determinadas universidades norteamericanas y europeas. El orgullo de ser colegial. Otros equipos, en una región pequeña e insignificante como la nuestra (a pesar de los golpes en el pecho de sus sempiternos e ineptos gobernantes) un equipo, explotan sentimientos humanos muchas veces contradictorios para vender la excelencia competitiva. Y si se unen a una institución universitaria de filiación católica (volvamos a las escuelas filosóficas griegas y la duda como argumento) el dogma torna en realidad y la victoria en una posibilidad real. No sabemos si el AD Infante jugará la final con el UCAM 95 o lo hará con el San José, pero los ríos que confluirán en esa final se volverán a distanciar, discurriendo uno entre las cloacas del profesionalismo y el otro entre las cascadas de blanca sonrisa, esa de la que disfrutamos cuando vemos a nuestros hijos rodear a David Lucas, lesionado y con muletas, y dedicarle la victoria. Saludar a los amigos de Cartagena, del “otro lado del Puerto de la Cadena”, a los que me ha unido durante años un acercamiento poético al baloncesto, a la amistad, a los paisajes que hemos recorrido y amado. 
Lo sencillo es hermoso. El baloncesto, no siempre. Ojalá los bosques otoñales de Nueva Inglaterra nos enseñen los ritmos de la vida, su plenitud y su decadencia. 
 Ojalá.

jueves, 18 de abril de 2013

La libertad y tú...


Ítaca no existe, caro amigo: No la busques o se te helará el corazón.
Ítaca no existe. No navegues entre Escila y Caribdis, no ansíes llegar a buen puerto porque sus aguas calmas esconden más sufrimiento y amargor.
Ítaca no existe, es bruma en el horizonte, lo sabes. Pero todo lo demás, los cíclopes, Penélope y el gato que araña su pecho, los ancianos que se mecen los cabellos canos contemplando los rizos del mar griego, los dioses, vanos y lujuriosos, los escritores que se detienen en el camino, aspiran el aire de los olivos y se duermen bajo el sol de la esterilidad, lo hemos visto en esta liga y la veremos en la próxima.
Estoy cansada, desde este lado del río, de misteriosos y callados barrios, siento el cansancio de la mediocridad ahora que el río se ha parado definitivamente.