Ayer por la tarde se volvieron a reunir los jugadores del CB Murcia de las hornadas del 94 y 95. La mayoría de los primeros juegan en Jesuitinas Berrospe, los segundo, con dos aportaciones del 94- Antonio Pujante y Carlos Toledo que, en sentido estricto no se puede considerar un jugador de aquel grupo de jóvenes con ganas de comerse el mundo, como todos lo hemos sido alguna vez- en el CB Murcia 95. Fue un partido igualado hasta el último cuarto (45-50), celebrado en un pabellón eternamente frío y húmedo, entre naranjos, cipreses y edificios de distinto uso. Un reencuentro que selló con los abrazos finales tras la conclusión del partido. Los tiempos cambian- o no cambian y son los mismos pero con distinto collar-, los niños se hacen adolescentes y, seguramente antes de lo deseable, adultos con los compromisos, deberes y exigencias de esa época de lucha por la supervivencia social. El desencanto termina por llegar a todos los rincones de la vida y solo una ínfima minoría se topa con la consecución de sus sueños, al final del sacrificio y la entrega total al ideal perseguido. El resto navega por las procelosas aguas de la subsistencia y de la economía, en la que los recursos son por definición escasos y están desigualmente repartidos.
Los que triunfan escriben sobre las estrategias para triunfar en la vida y ser felices. Parece que solo existen ellos y los que no persiguen los objetivos que ellos anhelan son fracasados o despojos sociales. Pero la clase obrera, ya lo escribí en otra entrada, también existe y aporta su parte más o menos importante a la consecución del éxito del equipo deportivo, llámese CB Murcia o Red Deportiva Yecla. En tiempos en los que se desprecia la producción social y se glorifica el pelotazo, la especulación y el egoísmo, la reivindicación del trabajo en equipo es necesaria, por unos y por otros. La clase obrera que no brilla en un partido, que realiza un trabajo gris y nulamente valorado, que guarda silencio cuando los resultados acompañan y animan cuando la derrota es inminente.
El Consejero de Cultura y Turismo de la Región, Pedro Alberto Cruz, ha publicado nuevo poemario: “No comparto las razones de la luz”. Nos quedamos con la siguiente estrofa: “Estar triste es la única parte de mí que nadie codicia”, y con sus declaraciones sobre el fracaso de las subvenciones públicas al deporte y la necesidad de una ley de mecenazgo “que incentive la inversión de capital privado en el deporte”. A buena hora se acuerda de la necesidad del dinero privado en el deporte: cuando las arcas tanto del Tesoro Regional como de las empresas están vacías y con pocas posibilidades de comenzar a llenarse.
C`est la vie









