jueves, 21 de abril de 2022

Primer cuaderno de Praga


Reseña del poeta extremeño Faustino Lobato:

Hace poco que Abismos del Suroeste nos regalaba un libro y no ha terminado el mes de enero y nos vuelve a entregar un nuevo poemario, Primer cuaderno de Praga, la primera obra del murciano Francisco Saura [1964].

El poemario

La obra tiene treinta y siete poemas que nos acercan a Praga, para nuestro autor la ciudad- escenario donde el amor y la ausencia, la soledad y muerte se entrelazan con la luz y la noche.

Aunque no se conozca esta ciudad y menos los enclaves que indica su autor, es importante dejarse envolver por la atmosfera literaria de este libro. El poemario, lejos de hacer un bitácora turístico, nos lleva por la ciudad de Praga, enfrentándonos con la emoción de vivir en ella. Es cierto que Praga es una ciudad “de película[1] pero no es precisamente esto lo que marca las líneas del libro. Las claves para entender el libro la dan el imaginario de ciertas palabras que Francisco Saura entrelaza en los versos.

El imaginario del libro

Para acercarnos al sentimiento de nuestro poeta, importa fijarnos en algunas palabras claves, entre las principales la LUZ y la NOCHE. Cada una de estas dan vida a los versos de este libro. Lo hacen de manera doble: por un lado, denotando el aspecto físico de algunos lugares de la ciudad teniendo en cuenta su significado, su simbolismo; por otro lado, señalando el aspecto místico- metafísico que expresa la situación del yo literario que en este libro convive con un fuerte nosotros.

Luz

Si nos fijamos en la palabra luz descubrimos que hay treinta y siete referencias en el libro. Desde el primer poema esta realidad aparece de manera muy significativa: 
Hemos tocado las nubes desde arriba, /desde la LUZ que la mañana esculpe antes de la primera tormenta, /la que habla del olvido, nunca del perdón. / Hemos hecho de la LUZ fuego
Esta es la misma luz -casi tangible- que reaparece al huir con la amada y tiembla en el espinazo de las nubes, la que se recorta  en la ladera con sus puntas dolientes…[2]

En los siguientes poemas, la LUZ sella los momentos y los espacios de la ciudad
La que está dispersa por los sauces de la ribera[3] a la que se le habla;  la que marca el amanecer de Praga a la seis de la mañana y que entra como un río de esperanza por entre los ventanales[4]; la tenue y menguante  luz del atardecer de otoño[5]; la de la luna llena sobre los álamos de la orilla del Moldava; esa que brilla en la estela de un barco en el canal[6]; la del ágora[7].

Además de en la realidad física, la LUZ aparecerá como reflejo del amor o de lo amado en medio de los temores. Sí, es la LUZ que surge antes de la carne y el deseo; la luz hambrienta del cuerpo quebrado [8]; la luz blanca, paz en un paisaje desolado por la ausencia[9]; la luz de los amigos[10]la que se vuelve estéril[11] y deja de existir[12] con la ausencia de la amada y que por el contrario, ante su presenciaaunque indefinida[13] es de su luz interior de la que el amado bebe.[14]
Qué interesante este aspecto metafísico que Saura apuntala haciendo que los poemas cobren un valor emocional importante. No es solo la luz física sino también la que reflejan los seres y las cosas con las que nuestro poeta convive.

Noche

La otra palabra es la de la NOCHE. De esta hay veinticinco referencias que, juntos con las de la LUZ, marcan la intencionalidad del poeta. Así, desde el primer poema, con la mirada puesta en Vladimir Holan[15] la NOCHE es una realidad extraordinaria, es ternura con sabor a pez,[16] que tiene una luz propia[17]; a la que directamente se habla[18]. Es curioso este hecho de personalizar lo etéreo que, como la luz, se vuelve tocable, se materializa.

Teniendo en cuanta lo anterior,  la NOCHE física se vive y acecha[19] en el centro físico de Praga; es la realidad de la que se huye o se despide con hambre en invierno[20]; la que se vuelve testigo de cómo la carne duele, el espíritu alegra y fortalece[21] en medio de la ciudad vieja o en la calle comercial. Por otro lado, las noches también aparecen delineando la Mala Strana[22] siguiendo la estela de la muerte[23], fría como ella[24]; es la que se contempla desde el escull,[25]; la que no es obstáculo para dibujar- dice el poeta– en tu mano la ruta certera/o para sentir en el rostro el aletear de la brisa.[26]

En Francisco Saura esta idea de la NOCHE, tiene también un aspecto místico que a nuestro autor le sirve para apuntalar el gesto de la fusión del alma. Así lo describe en una hermosa estrofa:


Fue durante la noche cuando me fundí con el viento./Tú estabas ahí,/ tu aliento formaba remolinos en la noche,/ aquella en la que nos conocimos,/ de la que huimos mientras la nieve borraba las huellas de nuestra ausencia[27]

Es lo extraordinario de la noche lo que, en medio del olvido y de la usencia, llena/ de silencios en la membrana de las nubes[28]Es el aspecto místico de la NOCHE lo que nuestro autor hace lugar especial donde permanecer aún después de la muerte 
Eras ese vínculo que no termina de romperse/ y permanece con la muerte envuelta/ en el hábito de la noche[29].

Otras palabras claves

Junto a la LUZ y la NOCHE, e imbricadas en estas palabras, aparecen otras que no quiero obviar por ser también relevantes. Estas son: OLVIDO, AUSENCIA.

La del OLVIDO importa no perderla de vista a lo largo del poemario. Ese olvido en el que se transforma el espíritu bajo la sombra de los cipreses[30]el carrusel [31]donde giran los metales de alquimia; el que encontramos mientras se busca en el principio del alma[32]; el que escapa de la complicidad[33]; la espiral a la que los enigmas nos devuelven[34]; el que aparece cuando se van las voces de la vida[35]; ese que no tiene nombre, no tiene color,…aquel que no debe ser cubierto por el sudario de la muerte…[36]
En definitiva, el imaginario de esta palabra marca el estado de ánimo del yo literario, subrayando el desamor como una situación que se quiere olvidar.

La AUSENCIA, palabra que complementa la anterior, está marcada en el poemario por la huida y la búsqueda[37]. Es precisamente la ausencia la que se quiere mantener al presentir lo mejor de un encuentro de aquello que se ama. Sí, es el reconocer en la ausencia de todo presentimiento/ la hogaza de pan recién sacada del horno[38] Esta ausencia es la que acaba borrándose con la nieve mientras se recuerda el momento del encuentro[39].
Sin embargo, la importancia de esta palabra, la AUSENCIA, está en el sentimiento que provoca al hacer estéril la luz de lo amado[40].  Sí, es la ausencia que en ti [ se ] hace única, -dice el yo sin dejar de exaltar lo maravilloso de la amada-: eres humana y, sin embargo, recuerdas a un ángel / que nunca cae definitivamente, / manteniéndose siempre sobre un vacío[41]. Nuestro poeta sitúa la ausencia en el lugar del silencio, ese que deja el vacío de lo amado. Alguna vez fuimos, /ahora no, / solo silencio en el lugar de tu ausencia[42].
Es con la referencia a la AUSENCIA como termina el libro. Unos magníficos versos que hay que releer como parte de la experiencia intensa del amor que ya no está:  
Y tú sabes (si en algún lugar me sientes tuyo)/ que la luz a la que sirvo / dejó de existir con tu ausencia[43].

Agradezco la visión de lo amado que este poemario me ha transmitido, especialmente, la dualidad de lo numinoso y de la obscuridad que forman parte de nuestra esencia, como ser humano. También doy las gracias por la verdad que se imprime en los versos de este libro, por las emociones desnudas, descarnadas, que Francisco Saura desarrolla teniendo como escenario una ciudad no carente de sentimientos encontrados.

Ahora, queridos lectores, no me hagáis caso en nada de lo que aquí he escrito, no tengáis en cuenta lo dicho, leed y recrearos en los versos de este libro: PRIMER CUADERNO DE PRAGA que, generosamente, Abismos del Suroeste nos regala.

Pinchar aquí para bajar el libro:

 file:///C:/Users/lotin/Desktop/ABISMOS%20DEL%20SUROESTE/REVISTA/1erCuadernodePraga%20(1).pdf


[1] Praga ha sido escenario de multitud de filmes desde 1984 con Amadeus hasta el 2006 con el Ilusionista, pasando por Misión imposible (1996) y El secreto de los hermanos Grimm (2005), entre otras.
[2] I, pág. 8
[3] III, pág. 10
[4] IV, pág. 11
[5] XIX, pág. 29; XXIV, pág. 37
[6] VIII, pág. 15
[7] XVIII, pág. 27-28
[8] XII, pág. 19
[9] XX, pág. 30
[10] XXIII, pág. 35
[11] XXVII, pág., 42
[12] XXXVII, pág. 53
[13] XXXIII, pág. 49
[14] XXX, pág. 45
[15] VI, pág. 13; XV, pág. 22 (Una cita de su poema “Al revés”)
[16] I, pág. 8
[17] II, pág. 9
[18] III, pág. 10
[19] V, pág. 12
[20] VIII, pág. 15
[21] X, pág. 17
[22] Es en este rincón de la isla donde vivió V.Holan.
[23] XI, pág. 18
[24] XXIV, 37
[25] XVII, pág. 25
[26] XXII, pág. 33
[27] XIX, pág. 29
[28] XXXIII, pág. 49
[29] XXXVII, pág. 53
[30] II, pág. 9
[31] VII, pág.14
[32] VIII, pág.  15
[33] XV, pág. 22
[34] XXII, pág. 33
[35] XXIII, pág. 35
[36] XXXIII, pág. 49
[37] I, pág. 8
[38] III, pág. 10
[39] XIX, pág. 29
[40] XXVII, pág. 42
[41] XXXIII, pág. 49
[42] XXXV, pág. 51
[43] XXXVII, pág. 53

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lunes, 13 de abril de 2020

Me dicen...

Me dicen que aquello en verdad ocurrió.
Hubo testigos de los hechos,
También de los desechos esparcidos en el paisaje.
Ya sabes: sangre y vísceras en la fría corriente
De la desesperanza.
Me dicen muchas cosas sobre tí
Y tu silencio;
Que habita en dos mundos: el primero con Spinoza,
El segundo en pasión desbordada, el último refugio de la alegría.
Me dicen que viviste las guerras de religión, y las pasiones
De los pueblos, y sus invenciones: la tradición y la muerte arrodillada.
Pero tú fuiste única en aquel mar de corrientes frías;
Amaste como nunca nos es dado amar, con la piel descarnada,
Haciendo de la noche claridad iridiscente,
En los fondos abisales, amor.
La imagen de un Dios sin diseño, sin voluptuosidad, contemplando su obra
Desde la razón.
Tal vez ya no seamos sino polvo esparcido en la extensión de la herida,
La que hambrienta te busca en la oscura presencia de la batalla,
Izados los estandartes, afilado el frío acero en las rocas del camino
Que me llevan a tí al atardecer,
El lucero ya brillante en un mundo de silenciosa melancolía.
Los desechos esparcidos en el paisaje,
Tu aurora presencia antes de la muerte
Que anuncia el fin de la disputa.
"porque el soborno ciega los ojos de los sabios, y pervierte las palabras de los justos".
Escrito está en el Pentateuco, amor

domingo, 29 de diciembre de 2019

Y una lluvia mojará...




I
Mi casa ha sido tomada por la Navidad. En la bañera veo huracanes agitando las cortinas de plástico; en la pecera, los reyes magos son sirenas que juegan a quitarle a las niñas las gafas de bucear; en la habitación más oscura, aquella que huele a peladillas y polvorones, a turrón y leña quemada, los niños escuchan los relatos de la abuela: la de aquellos otros tiempos de las reinas magas y de los poemas épicos que hablan en esencia del amor y de la libertad; y en la guardilla, el olor a madera húmeda del techo a dos aguas, la claraboya y el cielo cuajado de estrellas, esperando que llegue la madre del invierno con sus cabellos de fuego, y sus ojos en los que se leen el futuro de todas las verdades.

Es un diciembre dorado. Las luces de los árboles de Navidad están apagadas. El soplido de las risas las apagaron y ahora solo hay alegría y peatones bailando bajo la luna. Y hay dos reinas magas y un rey mago en la esquina de aquel gran almacén, y una vieja gruñona dice que no sé quién quiere acabar con la Navidad, y con los camellos y sus jinetes, y con la niña que llora en el portal de Belén, y con los pastores y las pastoras, y con las risas de las niñas y los niños mientras acarician una barba verde y comen tortas de pascua.

Y arriba, en el monte de las cenizas, se huele a lavanda y a sal; y abajo en ese valle decadente separado por un río, la igualdad es una procesión de sueños que besa en la frente, y el camino a Belén está sembrado de pétalos de rosas, y si miras bien hay una reina maga que sigue con la mirada perdida la estela de la estrella de oriente, y por ningún lado se ve a santa Claus pero sí a sus renos y los libros que reparten sus mensajeros.  Y fuera, en la explanada, llueve. Una fina lluvia violeta moja la calle besando de paz las ilusiones de las niñas y los niños, de las mujeres y los hombres, de nosotros y nosotras…

La Navidad.

II

Y es verdad que aquel valle huele a cangrejos de río, y ese otro puerto de mar es el vuelo rasante de los petreles sobre la inmensa llanura de algas que rodean el crepúsculo con sus millones de dedos húmedos (y ásperos). Y aquí vivimos todos, entre el sueño y el prejuicio, leyendo libros y bebiendo del viento el amor de los osos polares. ¡Hace frío!, ¡un frío intenso que anuncia el silencio!

La Navidad.

Sería indigno invocar a los dioses para que nos rescataran de la eterna y terrible frialdad de la calidez de este país de tantas tradiciones hogareñas. En algún lugar nos escondimos durante los largos siglos de oscuridad: junto al fuego, la mesa, los relatos épicos de héroes que siempre visitaban el cadalso, el belén, el oportuno visitante de tierras lejanas, los chinches, el recodo arrodillado de las esperanzas… El forastero nos traía noticias rojas, azuladas, verdes, de todos los colores del Arcoíris. Nuestros héroes, sus cabezas separadas de sus cuerpos, la muerte como anunciación de las ideas.

Pero ya sabemos que esta Navidad será distinta. Libaremos veneno distinto del mismo cáliz antes de que el frontispicio del año nuevo nos invite a transitar por los mismos paisajes de todos los años fenecidos. Paisajes ocres, yermos, siempre la misma voluntad de morir eternamente en las mismas presencias aleatorias del destino.

Y una lluvia violeta mojará las calles…

La navidad.