domingo, 27 de marzo de 2016

Como juncos quebradizos


Podemos es un partido político de nueva planta. En opinión de algunos politólogos, su semilla es de una especie intrusiva en España. No sabemos si ha llegado como el mejillón cebra, la trucha arcoíris, la cotorra argentina o el ailanto, aunque la derecha sitúa su procedencia geográfica en Venezuela e Irán. En realidad de Podemos sabemos poco o nada. Eso sí, detrás de cada líder de la formación morada parece haber una persona con una cámara a mano para inmortalizar determinados momentos de su existencia política y personal. Los vemos bostezando, durmiendo en el avión o en sede legislativa, dando de mamar a un bebé, haciendo de niñeros ocasionales, subidos en su coche aparentemente sin cinturón de seguridad y, últimamente, acudiendo a urgencias de un hospital para tratarse cólicos nefríticos. Eso no pasa con nuestra izquierda tradicional, siempre con un pensamiento sólido cincelado a lo largo de más de un siglo con autores brillantes, y con algunos otros a los que ni se les entendió entonces ni se les entiende ahora. Su escritura sigue siendo un misterio tan difícil de descifrar como el Lineal A.
Hasta ahora sabíamos que una organización se estructuraba de tal o cual manera para obtener un fin: en el caso de los partidos políticos, la gobernanza. Pero Podemos es distinto: no tiene organización. Solo bostezos, siestas, amamantamientos, cangureos, cólicos nefríticos, jaquecas, melenas, barbas largas y gente underground. Hay psiquiatras que ya investigan si los líderes podemitas somatizan sus cuitas internas. Si el cese del secretario de Organización de Podemos, Sergio Pascual, ha provocado que Pablo Iglesias acuda a urgencias para ser diagnosticado de cólico nefrítico, ¿qué ocurriría si ostentara el poder y tuviera que firmar, por ejemplo, el acuerdo de expulsión de los refugiados sirios a la democrática y exquisita defensora, en la teoría y en la práctica, de los derechos humanos, Turquía? Nada que ver con Tsipras, feliz de que Europa haya actuado unida en tan grave problema, como es el de los parias que huyen de la guerra y del hambre. Al líder griego le han puesto silla en la mesa redonda del canibalismo paneuropeo, y ya no se siente malquerido.
Para ser líder hay que tener agallas y que la realidad y sus inconvenientes no provoque caída de cabello, eccemas, cólicos, migrañas, ansiedad y todo el elenco de enfermedades que pueden tener origen psicosomático. Afortunadamente, no parece que los veintiocho líderes de la Unión Europea sean de una madera tan quebradiza. La líder del Partido Verde Europeo, Ska Keller, después de denunciar en el Parlamento Europeo que la Unión Europea había roto la ley internacional cerrando las fronteras a gente que necesita protección, y poniendo fin al derecho a buscar y obtener asilo, se preguntó, dirigiéndose a los jefes de estado y de gobierno: “¿cómo podéis dormir por la noche?” La pregunta no tiene difícil respuesta: duermen sin pesadillas y a pierna suelta. A fin de cuentas, son del tipo prusiano: mirada al frente, rostro adusto y eficacia germánica. Nada que ver con esta gente de Podemos que acude enfermo un sábado por la tarde a un hospital público por un contratiempo interpersonal que tuvo el martes anterior.
No hay constancia, por mucho que he buscado en google, de que Zapatero y Rajoy pasaran malas noches en aquel fatídico agosto de 2011, cuando se modificó el artículo 135 de la Constitución y nuestras vidas se supeditaron al pago de la deuda. Las crónicas no mencionan tal posibilidad. No hubo periodistas en las puertas de los hospitales, ni médicos o enfermeros que informaran sobre indisposiciones transitorias de ambos estadistas españoles. O cuando Aznar solemnizó en las Azores el nuevo status de España en el escenario mundial, ni siquiera cuando supo que nunca hubo armas de destrucción masiva en Irak consta que sufriera jaqueca o dolor de estómago. Los líderes de la democracia española siempre han sido de granito. Cosas de la selección natural. Nada que ver con los juncos quebradizos que pretenden gobernarnos con ideas intrusivas o gritan como cotorras contra la destrucción del derecho internacional o la hipocresía de las naciones civilizadas.
http://www.lacronicadelpajarito.es/blog/fsaura/2016/03/como-juncos-quebradizos
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