
Se apaga junio
como una vela mortecina
en el umbral de un viento salvaje.
La noche tirita aguardando
los brillos de una mañana que nace
con dientes prietos de despecho.
Alumbra julio
entre algodones y licores amargos,
y alguien nos dice que allá por septiembre
caerán las primera palabras amarillentas
abatidas por el furor de las luciérnagas
en las noches lúgubres de un otoño apenas nacido.
¡Y me preguntarás quienes son
esos que no temen al destierro
y beben agua de las fuentes arenosas!,
¡Y me mirarás con esa sonrisa equívoca
que centellea cuando pasea el amo
su corona de amo en las gradas,
entre la muchedumbre que le vitorea como salvador
de un mundo que se desmorona!.
Para Santa Teresa el gentleman clamará al cielo
que levante nubes como rascacielos en el blanco harén
de la desidia,
y nos pasearemos de nuevo por los campos
y cementerios de la tierra que nos vio nacer,
acompañando a los nuestros
con otros dioses a los que alabar.
"Paisaje", óleo de Benjamín Palencia, pintor albaceteño de Barrax
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